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Sobre reptiles y milagros

12 de septiembre de 2026 - 01:05 a. m.

El gobierno anterior y el actual han sido pruebas ácidas para la gran prensa, la clase política y el establecimiento. Venimos del gobierno de un exguerrillero y pasamos al gobierno de un paraco glamuroso. El gobierno del Pacto Histórico (PH) fue ácido por ser el primer gobierno de izquierda, su líder apostaba duro y propuso reformas de fondo en un país acostumbrado a los paños de agua tibia. Fueron demasiados cambios para un país narcotizado por los políticos tradicionales. Y por los narcóticos, claro. El Gobierno Milagro (GM) tampoco será un brebaje de fácil digestión. Abelardo es más ególatra que Petro, lo que ya es bastante; también apuesta duro, ama patear a los periodistas, lo enternecen los creyentes, mete la mano incluso en los gremios privados, está convencido que la Presidencia es un apéndice de la Costa Nostra y De La Espriella Lawyers, confunde las arcas del Estado con la cartera de su señora y piensa que la Constitución colombiana es un pie de página de la Constitución estadounidense.

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Las pruebas ácidas han dado resultados tan opuestos como el carácter de estos gobiernos: frente al PH, rechazo total del establecimiento; frente al GM, ovación frenética. Lo primero no fue sano pero sirvió como mecanismo de control para los excesos del PH. La reptil obsecuencia del establecimiento frente al GM, en cambio, tendrá consecuencias trágicas para el país. Entregarle un cheque en blanco a un petimetre sin experiencia política, ni bancada propia, ni sensibilidad social, cuya ética es elástica y su prontuario abultado, es un acto suicida.

El unanimismo del establecimiento tuvo su clímax en la presentación de El libro de la verdad, un folleto anillado a las carreras y cuyo único punto sólido era el fétido asunto de la UNGRD. A pesar de su fragilidad, el folleto fue presentado con bombos y platillos, y tácitamente avalado por el contralor, la fiscal y el procurador.

Si mañana estas conjeturas de corrupción contra el PH resultaran ciertas, ¿cómo le explicarán al país los organismos de control que un gobierno recién nombrado hizo en unas semanas lo que ellos no hicieron en cuatro años? Además, el GM le sirvió en bandeja un argumento magnífico a los funcionarios del PH: cuando los organismo de control los llamen a juicio por sus andanzas, los acusados podrán recusarlos porque prejuzgaron los hechos y avalaron con su presencia el famoso y endeble anillado. Un juez no puede pronunciarse sobre sucesos que son materia de investigación. Su obligación es recibir las denuncias, no avalarlas ni asistir a los actos políticos y mediáticos de un Ejecutivo que estaba usurpando las funciones del Poder Judicial.

En contraste con el ruido y la furia de El libro de la verdad, el reciente comunicado del DANE, en el sentido de que NO se encontraron inconsistencias en las cifras ni en las metodologías del PH, solo mereció notas marginales de la gran prensa. El DANE es un departamento administrativo de probada solidez. Sus conceptos son contrastados con los gremios, los ministerios, datos de consumo y cifras de muchas entidades internacionales. Su director actual, Carlos Valencia, es una autoridad en estadística y tiene toda la experiencia del mundo. La pregunta es, ¿cómo se le coló al presidente una persona tan respetable en su equipo? Mientras encuentra al culpable, ya silenció a Valencia.

Abelardo no se ha limitado a pedir la cabeza de los periodistas indóciles, como Camila Zuluaga, Ana Cristina Restrepo y Vladdo. También amordazó a todos sus funcionarios. En adelante, sólo el «vocero oficial» hablará en nombre del Gobierno… no, tampoco él; el señor Miller Soto está nombrado para esa alta misión pero el cargo aún no está creado. Por lo pronto, deambula como ánima en pena por los pasillos de palacio o cuida la polvera del señor presidente.

Y ahora, cuando los periodistas les hagan preguntas, ¿qué responderán los ministros? Nada. Mirarán alrededor a ver si el patrón anda cerca, les pedirán a los periodistas que apaguen los equipos y dirán sin mover los labios: «Pregúntenle a Miller… cuando esté en funciones».

* Un milagro del beato Abelardo: mientras Uribe dedicó la vida a negar sus vínculos con los jefes paramilitares, Abelardo los exhibe como trofeos, habla bellezas de Mancuso, de Báez y de todo el para-combo, y el establecimiento lo ovaciona.

** A la fecha, Fidel Cano es uno de los pocos directores de grandes medios que ha criticado las medidas del presidente contra la libertad de prensa.

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*** No hay razón alguna para ufanarse de ser amigos de Estados Unidos. El imperio no tiene amigos, como lo están comprobando en carne propia Venezuela, Rusia, Ucrania y la Unión Europea. Trump es la tapa. Acaba de gravarnos con más aranceles, odia al Estado de derecho, la ayuda humanitaria, la gestión ambiental y el multilateralismo, esos puentes cruciales entre las naciones. Odia a la ONU, en especial al Consejo de Derechos Humanos. Canceló la Usaid. Retiró a su país de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Estados Unidos nunca reconoció a la Corte Penal Internacional, ni formó parte del Estatuto de Roma, ni firma los protocolos ambientales, y carga el triste honor de ser el imperio más belicoso de la historia. Por fortuna está en bancarrota moral y económica (su deuda pública supera los 40 billones de dólares) y se está quedado solo. Hoy apenas tiene un aliado de peso en el mundo, Israel. Ah, y Abelardo.

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