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22 Jan 2022 - 5:30 a. m.

Un alquimista pervertido

Las fotos que lo muestran repartiendo volantes en un pueblito de Córdoba resumen el crítico momento que viven Álvaro Uribe, el Gobierno y el Centro Democrático. Veamos.

Duque registra una favorabilidad del 22 % y Uribe del 19 %, su guarismo más bajo en lo que va del siglo. El retorno de las masacres y el duro informe de la ONU sobre los excesos de fuerza de la policía en el manejo de la protesta social nos dejan ante el mundo por debajo de “democracias” como la cubana, la venezolana y la nicaragüense.

El ataque de Uribe contra Daniel Quintero sufrió un duro revés esta semana, cuando el Consejo Nacional Electoral suspendió la certificación de la revocatoria del alcalde.

No pasa una semana sin que los escándalos de corrupción en el alto Gobierno irriten a la opinión pública. Al caso Abudinen, una bofetada contra la población escolar más vulnerable, se suman los líos de los asesores que montan emprendimientos con sus cónyuges y acumulan decenas de contratos en las narices de altos funcionarios de la Casa de Nariño.

Luego de raponearle la candidatura a María Fernanda Cabal en un turbio proceso interno del partido, ¡Óscar Iván Zuluaga recibe el portazo de la coalición de la derecha!

En noviembre, la Corte Constitucional decidió que Uribe sigue formalmente imputado en el proceso que se le sigue por manipulación de testigos. Le falló la jugadita de renunciar a su curul y refugiarse en el burladero de la Fiscalía para anular las investigaciones de la Corte Suprema de Justicia (se quedó sin la curul y sin la ternera).

Y esta semana estalló la bomba. Benito Osorio, exgobernador de Córdoba, declaró ante la JEP que José Félix Lafaurie fue enviado por el Gobierno a pedirle dinero a Mancuso para la campaña de Mario Iguarán a la Fiscalía en 2005. Su versión coincide con la del narcotraficante Jhony Cano, fue corroborada por el propio Mancuso y está en línea con un cable de Wikileaks donde William Brownfield, entonces embajador en Colombia, le confía a Washington su temor de que Iguarán sea elegido fiscal con financiación paramilitar. Y coincide con el nombramiento de la esposa de Lafaurie, María Fernanda Cabal, en 2005 en la Fiscalía, donde trabajó hasta 2007, cuando fue despedida por informaciones filtradas a la mafia desde su despacho. Y coincide, oh, sorpresa, con los pobrísimos resultados de la Fiscalía de Iguarán contra los paramilitares.

P. D. Uribe será recordado como un desperdicio monumental. Lo tuvo todo para cambiar el curso de nuestra historia: inteligencia, conocimiento del país, apoyo popular, de los industriales, los militares y los medios, crecimiento económico, victorias rotundas sobre la guerrilla y muchos años de indiscutido liderazgo nacional. Con paciencia benedictina, Uribe reunió estos terrones de oro, los cocinó a fuego vivo en el crisol del odio y la avaricia y obtuvo luego de muchas lunas esta fantástica mezcla de sangre, mierda y babas en que hoy chapaleamos.

P. D. II. Cuando lo acusan de complicidad con el paramilitarismo, Uribe saca lo que considera su as: “Soy inocente. Recuerden que fui yo quien extraditó a los jefes paramilitares”. Con esta lógica, tendríamos que aceptar que Ernesto Samper no sabía nada de aquello, como lo prueba el hecho de que fue él quien capturó a los Rodríguez Orejuela.

P. D. III. “Los tres huevitos” de este culebrero estaban pichos: la Seguridad Democrática se redujo a cambiar el horror guerrillero por el horror paramilitar. La confianza inversionista consistió en feriar los recursos naturales y las mejores empresas del Estado. Y la cohesión social es esa rabia empozada que llamamos polarización.

Adiós, Uribe, hasta siempre, maligno. ¡Que Dios te perdone!

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