¿Qué tiene Jamaica, una isla de solo tres millones de habitantes, para producir más velocistas que Estados Unidos, con sus 330 millones de habitantes y un vigoroso sistema de estímulos al atletismo?
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Repasemos datos recientes. En las dos últimas olimpiadas (2016 y 2020) los jamaiquinos ganaron 15 de las 24 medallas de las pruebas atléticas de velocidad, entre ellas cinco de las ocho medallas de oro en juego.
Cuatro de los diez hombres más rápidos y tres de las diez mujeres más rápidas del planeta son jamaiquinos.
¿Cómo lo hacen?
Muchas respuestas se han barajado.
Los genetistas han postulado «la teoría del gen de la velocidad», que determinaría el tamaño del corazón y la presencia del gen ACTN 3, el encargado de codificar la proteína Actinin 3, responsable de presencia de fibras rápidas en los músculos, claves en la ejecución de movimientos «explosivos». Los estudios apuntan a que es frecuente encontrar esta combinación de cualidades en un buen número de los mejores velocistas del mundo, pero estas investigaciones aún no son concluyentes. Y si así fuera, habría que preguntarse ¿por qué razón los jamaiquinos tendrían una genética tan singular?
Otra teoría sugiere que el entorno social es el responsable de la aparición de tantos velocistas de élite. Por toda la isla pululan los cazatalentos y existen muchos programas que promueven la práctica del atletismo en todo el país.
Los biólogos de la Universidad de Kingston creen que el secreto está en el biotipo heredado de sus ancestros de África Occidental: el jamaiquino tiene brazos largos, que le permiten un braceo amplio, poca grasa subcutánea y caderas estrechas que facilitan la elevación de las rodillas, la extensión de las piernas y la ejecución de zancadas más largas. También son largos los dedos de sus pies, cualidad que les proporciona mejor «agarre» y mayor momentum en las decenas de micropalancas de precisión que hacen los dedos en cada zancada.
Sus tendones de Aquiles son cortos, lo que les permite una contracción rápida de los músculos de las piernas y agiliza la conexión neuromuscular de los movimientos explosivos (movimientos que requieren un gran esfuerzo en pequeños intervalos de tiempo, como las carreras cortas, los saltos, los lanzamientos y las pesas).
Quizá en una combinación de esta herencia africana, las políticas deportivas de la isla y algo en los vientos del Caribe que la cruzan esté la clave de la rapidez de los hombres y las mujeres de Jamaica.
P. S. En el caso de Usain Bolt, el recordman de los 100 metros (9,58 segundos), intervino un factor paradojal. Bolt golpeaba la pista con una fuerza extraordinaria de 490 kilogramos con su pierna izquierda, y el planeta lo impulsaba hacia la gloria con una fuerza equivalente (ley de acción y reacción), lo que le permitía dar zancadas más rápidas y más largas. Los físicos creen que el secreto de esa potencia residía en que su pierna derecha es 1,5 centímetros más corta que la izquierda. En otras palabras, Bolt es un «punto-y-coma», como lo llamaban los niños en la escuela.
Corolario: cojos del mundo, ¡no desmayéis!
P. S. 2. Por alguna razón, de los cientos de competencias olímpicas los «100 metros planos» es la que acapara la atención del mundo. Es una bella prueba, sin duda, pero no es menos grandioso ver a un atleta saltar 10 metros de una sola zancada o volar hasta 2,45 metros o levantar 300 kilos.
Lo cierto es que entre «lo más rápido, lo más lejos y lo más fuerte» nos obsesiona «lo más rápido». Quizá la velocidad nos fascina porque es una relación con el tiempo, la entidad que finalmente nos devorará.