EL ESPECTADOR Y CARACOL ACABAN de hacer una encuesta sobre las costumbres sexuales de los colombianos. Es un trabajo que no envidio. Me muero de vergüenza con sólo pensar que tenga que preguntarle a una señora desconocida, así no más, como quien pregunta la hora o comenta el clima, señora, ¿usted le jala a la sodomía?
Además, se expone uno a que le mamen gallo, como le pasó al periodista que le preguntó a Vargas Llosa si le gustaba el sexo oral, y el flemático inca le respondió: “No, lo prefiero por escrito”.
El sondeo reveló que el colombiano promedio pierde la virginidad a los 17 años, se considera buen amante, romántico y fiel; el 70% no concibe el sexo sin amor, y sólo el 13% aceptó que acostumbra tener más de una pareja sexual. Sin desconocer que el amor es el mejor estimulante, una joven presentadora de televisión me asegura que “con un tris de odio, el sexo es perfecto”. Es una de las observaciones más agudas en los anales de las ciencias de la perversión.
La mayoría prefiere los cuerpos bien formados a las caras bonitas. Es una respuesta animal, en el buen sentido de la palabra, pero sigo pensando que un rostro bello es el mayor espectáculo de la naturaleza, por encima incluso del vuelo del colibrí y de las puestas de sol. Un buen cuerpo es sólo una armonía en los volúmenes de las partes. Un rostro bello, en cambio, es una geometría hechizada, un misterio que no excluye las asimetrías y las imperfecciones.
Lo que más atrae a los hombres es el busto, 37%, seguido por las nalgas, 24%, las piernas, 9%, y la cara, 5%. Son resultados previsibles. Que un mamífero se excite ante un buen par de tetas no es noticia. El repunte del culo en las estadísticas es notable desde 1972, cuando Marlon Brando y María Schneider lo sacaron del clóset en una dramática secuencia de El último tango en París, hasta hoy, cuando la divina presa se pasea oronda por el mundo “cubierta” apenas con ese cínico adminículo, el hilo dental. Lo que resulta inaudito es que la vagina ni siquiera figure en el menú. ¿Pasó de moda? ¿Quedará como un mero órgano reproductor?
Aunque un cretino 58% piensa que el homosexualismo es antinatural, reconforta saber que el 38% ya lo acepta. Estamos entendiendo al fin que hay hombres atrapados en cuerpos de mujer, y chicas atrapadas en cuerpos peludos. Según datos de Colombia Diversa, el 74% de los padres colombianos desconoce la orientación sexual de sus hijos (¡?).
Sólo un 7% utiliza juguetes: vibradores, látigos, columpios, fármacos, lencería, vendas, aceites o bolas chinas, esa impía variación de nuestra fervorosa camándula. (En ciertos moteles hay un aparato curioso. Es como una bicicleta arácnida y muy inteligente, porque su diseño anticipa cualquier posición, fantasía o aberración de la mente humana, de manera que sea cual sea la maroma, jaleo, frenesí o pataleo de la pareja, hay siempre allí, en el punto exacto, un manubrio, un pedal, un galápago o un reclinatorio alcahueta y providencial. “La máquina del amor” es un artefacto capaz de leer el pensamiento, incluso el más retorcido).
Sólo un 17% confiesa que se masturba por mano propia o ajena, amorosa o mercenaria; es decir, que el 83% nunca entrena. ¡Por eso estamos como estamos!
Hay un dato muy triste: la mitad de los colombianos confesamos haber tenido sexo pensando en otra persona.
Los sexólogos opinan que esta encuesta puede afinarse en los detalles. Es urgente, aconsejan, que nos conozcamos mejor para que disfrutemos aún más esa comunión de los cuerpos que es el sexo, esa danza humana y animal, sagrada y pagana, alta y horizontal.