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Charlatanes ingrávidos y gurúes

Klaus Ziegler

17 de diciembre de 2008 - 07:03 p. m.

No hay mejor antídoto contra la creencia en lo paranormal que presenciar el espectáculo de un buen ilusionista. Después de ver a David Copperfield o a Criss Angel flotando a varios metros de altura, es inevitable dudar de los supuestos poderes psíquicos de los legendarios gurúes de la India quienes, según testimonio de sus acólitos, pueden levitar durante varios minutos una vez alcanzan la iluminación, un profundo estado espiritual que se logra en el clímax de la meditación trascendental.

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Algunos también creen que el fervor religioso guarda relación con el fenómeno de la levitación. El santoral de la Iglesia Católica cuenta con célebres personajes voladores. Santa Teresa de Jesús narra en su autobiografía que, de improviso, y sin que lo pudiese evitar, comenzaba a flotar por el aire. Cuando se iniciaron los trámites para su canonización, varias monjas declararon haberla visto en pleno trance aéreo, e inclusive llegaron a afirmar que en cierta ocasión voló tan alto que quedó ensartada en la copa de un árbol de donde tuvieron que bajarla con dificultad. Otro santo reputado por sus vuelos fue San José de Cupertino. Se cuenta que una vez voló desde una de las bancas hasta el altar mayor, y aterrizó sobre velas encendidas sufriendo quemaduras.

Los defensores de lo paranormal objetan iracundos que es ridículo confundir un vulgar truco de magia con los verdaderos poderes que se pueden alcanzar mediante la práctica de la meditación. Pero la duda del escéptico se convierte en desconfianza absoluta cuando se entera de que existen varias organizaciones, como la fundación educativa James Randi y el laboratorio Zetetics de la U. de Niza, que ofrecen hasta un millón de dólares a quien demuestre, bajo condiciones rigurosas de observación, que posee estos poderes. Y si realmente hay cientos de yoguis, faquires, gurúes y lamas tibetanos que han logrado con su energía psíquica vencer la gravedad, ¿por qué a ninguno de estos volátiles personajes jamás se le ha ocurrido reclamar el jugoso premio, que podría donar, si es que su moral le impide aceptarlo?

Las creencias irracionales poseen un blindaje que la razón no puede penetrar. Ante las objeciones más elementales, los defensores de lo paranormal acusan a los escépticos de materialistas, cerrados de mente e ignorantes. Creo que ante estos y otros ataques el escéptico debe limitarse a contestar: es posible que los unicornios existan, pero lo único que sabemos con absoluta certeza es que nadie ha visto uno en cautiverio.

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