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La capacidad de realizar complejos cálculos numéricos en la mente es una misteriosa facultad, independiente del talento matemático y que no guarda relación con la inteligencia del individuo.
Es cierto que genios como Gauss o Von Newmann fueron hábiles calculistas, pero otros como Poincaré o Einstein eran incapaces de realizar las operaciones aritméticas más sencillas.
Y quizás lo más extraño sea que muchos de los grandes calculistas que registra la historia hayan sido individuos analfabetas de inteligencia promedio, o con retraso mental. El inglés Zerah Colburn, hijo de un humilde granjero, podía multiplicar dos números de cuatro dígitos y dos de cinco en segundos; y de George Parker, hijo de un picapedrero, se cuenta que era capaz de calcular la raíz cuadrada de números de 12 cifras en menos de treinta segundos.
El español Alberto Coto ostenta el récord Guinness de cálculo mental, y el de campeón del mundo en suma y multiplicación, títulos que obtuvo en Alemania en 2004 y 2006. El primero se le otorgó por la suma mental de 100 dígitos en 19 segundos; el segundo, por la multiplicación de dos números de 8 dígitos en ¡sólo 38 segundos! Algunos ajedrecistas también han tenido talentos extraordinarios, casi sobrenaturales. El caso más pasmoso de memoria es el de Miguel Najdorf, poseedor del récord mundial de partidas ganadas en una simultánea “a ciegas”.
El 25 de enero de 1947, en Sao Paulo, Najdorf enfrentó a 45 tableros y 83 participantes. La exhibición comenzó a las 9:00 p.m. y terminó a las 7:40 de la noche del día siguiente. Al final de esta contienda, el genio polaco ganó 39 partidas, empató 4 y perdió 2. Si se analiza la exhibición, debe tenerse en cuenta que Najdorf tuvo que retener en su cabeza 1.440 posiciones y 1.800 jugadas.
Nadie sabe cómo esos individuos realizan semejantes proezas, aunque en algunos casos esas facultades pueden estar relacionadas con síndromes como el de los llamados “idiotas sabios”, individuos con una peculiar forma de retraso mental acompañada de habilidades cognitivas asombrosas que los convierten en “enciclopedias vivientes”, sujetos con memoria fotográfica o dotados de una capacidad de cálculo prodigiosa.
Algunos sicólogos sospechan que esas anomalías pueden tener otro origen, debido a que hay casos reportados de personas que parecen haber adquirido ciertas habilidades extraordinarias de manera fortuita, tras haber sufrido una lesión cerebral.
