8 Aug 2021 - 2:00 a. m.

Capítulo 8: Romper al verde

La Candidata

La Candidata

Columnista

Las movidas por la segunda vicepresidencia del Senado no buscaban descabezar a Gustavo Bolívar sino crear una fractura irreparable en la Alianza Verde.

ADVERTENCIA: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas advierten que su trama está «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. La Candidata Presidencial es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación del autor. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Miércoles 14 de julio de 2021

La Candidata miraba al tablero acrílico en su estudio. Tenía los brazos en jarras y cargaba en su mano derecha un marcador rojo con la tapa puesta. Lorena Agudelo, su secretaria privada, estaba en una posición calcada.

Nicolás Ulloa, meciéndose sin darse cuenta en una silla de escritorio, analizaba cómo Lorena se parecía por momentos a la Candidata, en sus gestos y posturas y hasta en las faldas largas y ceñidas en las que a veces coincidían.

Lo único que se escuchaba era el segundero del reloj de pared, moviéndose a trancazos, y el rechinar de la silla de Nicolás que se detuvo cuando la Candidata y Lorena voltearon a verlo con desespero.

«ROMPER AL VERDE», decía en el tablero. Estaban ideando cómo dividir definitivamente los votos de la Alianza Verde, para evitar que todos se los quedara Sergio Fajardo y así restarle cualquier posibilidad de pasar a segunda vuelta.

—No debería ser tan difícil —dijo impaciente la Candidata—. Si es que no se soportan. La otra noche se les notó mucho el fastidio a Angélica y a Camilo…

(Dándole «play» a este video se puede constatar la tensión entre Lozano y Romero).

La Candidata corrigió lo dicho:

—Bueno… realmente… el fastidio se le notaba a Camilo… Yo no recordaba que él fuera así. Me pareció bastante insoportable…, haciendo «show» y reclamos viejos… como un novio dolido… como estancado en una conversación del pasado… Ahora que lo pienso, Angélica lo manejó bastante bien. Otra persona se habría desesperado.

Nicolás sonrió:

—Es que Angélica ha hecho el curso en el Congreso, sobre todo con Gustavo Bolívar. Yo creo que ese es el más insoportable de todos. Cómo será que Bolívar le genera más resistencia al uribismo que el mismo Petro… No, no, no… Me atrevo a decir que Gustavo Bolívar le genera más resistencia al uribismo que las mismas FARC.

La Candidata reprochó lo que le pareció una exageración.

—Por favor… Ya les he dicho que sobredimensionar las cosas no contribuye a que hagamos planes realistas.

Nicolás se reafirmó:

—Lo digo en serio. En el Congreso, el Centro Democrático tiene mejor relación con los senadores de las FARC que con Gustavo Bolívar. ¿Ustedes no han visto los gestos de Uribe con la que fue pareja de Manuel Marulanda?

Nicolás insistió:

—Les estoy hablando de Álvaro Uribe Vélez dándole la mano y lanzándole sonrisitas a Griselda Lobo, alias Sandra Ramírez, la pareja del máximo jefe histórico de las odiadas FARC… de las «narcoterroristas» FARC. Con ella la relación de los uribistas es… en términos generales, cordial. En cambio, con Bolívar… es que ni lo saludan. Le tienen profunda aversión. Es más… ¿Ustedes saben quién ocupa hoy en día, la segunda vicepresidencia del Senado?… ¡Pues ella! ¡Griselda Lobo! Uribe le mandó un mensaje bien generoso felicitándola por la elección.

La Candidata, que apenas en 2021 había empezado a conectarse de nuevo con la política, no había hecho la reflexión sobre cómo las FARC navegaban ya las dinámicas del Congreso con tanta normalidad y en tan poco tiempo.

—Es verdad… —reconoció la jefa—. Quién se lo iba a imaginar… Las Farc ocupando una mesa directiva del Congreso…

—Tal cual —respondió Nicolás—. Gustavo Bolívar iba a ocupar esa segunda vicepresidencia el año pasado, pero él le cedió el turno a las FARC. Yo no entiendo bien por qué. Pero, en teoría, a Bolívar le tocaría, ahora sí, ser el segundo vicepresidente del Senado en la legislatura que se instala la próxima semana. Yo les soy honesto: no me sorprende que le hayan dejado esa vicepresidencia a las FARC, pero sí me sorprendería que eligieran la otra semana a Bolívar.

—No creo que el uribismo se desgaste con eso —intervino Lorena—. Las segundas vicepresidencias del Congreso no sirven para nada.

La Candidata hizo un gesto con el índice de la mano izquierda, como pidiendo tiempo para terminar de organizar sus ideas:

—Sí… eso es cierto: las segundas vicepresidencias no sirven para absolutamente nada, pero… en este caso…

La mujer señaló al tablero acrílico y en seguida sacó su teléfono celular. Le escribió un chat a María Fernanda Cabal, su nueva mejor amiga: «¿Gustavo Bolívar va a ser segundo vicepresidente del Senado? Es un pésimo mensaje dejar que el jefe de la primera línea tenga una silla en la mesa directiva del Senado».

La Candidata no les mostró el chat a sus colaboradores, pero sí sugirió lo que acababa de hacer:

—Si el Centro Democrático no había pensado en sabotear la elección de Bolívar, les aseguro que María Fernanda Cabal va a hacer que reconsideren el tema.

El turno del escepticismo fue para Lorena:

—¿Y de qué nos sirve que el uribismo le quite la vicepresidencia a Bolívar? O sea… ¿Cómo rompemos al verde con eso?

—Sirve si logramos que un senador de la Alianza Verde se quede con el puesto de Bolívar —explicó la Candidata—. A veces un matrimonio en crisis solo necesita de un malentendido para terminar de divorciarse… ¿Qué contactos tienen ustedes con la Alianza Verde?

***

Jueves 15 de julio de 2021

«Bonita cadena!», escribió el empleado de la cafetería en el vaso, cumpliendo con una instrucción corporativa ya pasada de moda. «¡Mayerly!», dijo en voz alta desde el otro lado de la barra.

Mayerly Briceño recogió su bebida y volvió a la mesa de Lorena. Llevaban 20 minutos hablando, pero hasta ahora había decidido tomar algo.

—Entonces eso me ha tenido muy aburrida —retomó Mayerly—. Imagínate, el departamento lleva 10 días colapsado, inundado, incomunicado, sin luz. Qué impotencia ver la tierra de uno así. ¡Y el Gobierno que no se pellizca!… Ahí me estoy moviendo yo, a ver cómo llevamos ayudas, donaciones, pero que el Gobierno también se ponga las pilas, porque eso es trabajo de ellos.

Lorena admiraba la fuerza de Mayerly, una araucana de origen campesino que se abría paso en Bogotá y en la política, criando a un hijo, haciendo trabajo social y trabajando como asesora del senador Iván Name.

—¿Y Name está ayudando a algo? —preguntó Lorena.

—Pues ahí grabó un video… pero la verdad… tampoco es que el senador mueva mucho en redes.

—¿Sabes?… A mí siempre me ha parecido curioso que trabajes con él. O sea… Maye… tú eres como un volador; tú te mueves muchísimo y se te nota de lejos el activismo político… y justo eres asesora de un senador que… pues no suena ni truena. Yo lo único que he escuchado de Name es que dejó el micrófono abierto en una sesión, insultó a todo el mundo y luego le tocó aclarar que no estaba borracho.

—Nooo… es que él habla así… —justificó Mayerly riéndose—. Y es buen senador. Lo que pasa es que no es muy mediático.

—Ay, Maye… Si lo tuyo es la política, y esto te lo digo como un consejo, tienes que convencer a Name de que tenga más protagonismo. ¿De qué te sirve poner en tu hoja de vida que asesoraste a un senador irrelevante?…

—Sí, Lorena, pero si él es así…

—Él es así, pero tú no… Y un asesor también propone, también le ayuda a sus jefes a crecer… Mira… es que… Te voy a contar algo, pero ojo… muy pocos saben esto… Te lo digo porque te puede servir… Manéjalo con mucha prudencia, ¿vale?

—Sí, claro.

—Bueno… Se supone que Gustavo Bolívar va a ser elegido segundo vicepresidente del Senado este 20 de julio, ¿cierto?

—Eh… No lo tenía tan presente, pero ahora que lo dices… me suena que algo he oído, sí —admitió Mayerly.

—Pues es tal cual te lo digo: SE SUPONE que Gustavo Bolívar debe ser elegido vicepresidente en esta última legislatura. PERO… los partidos de gobierno van a sabotearlo y van a votar en blanco… No me preguntes cómo sé esto, porque no te lo puedo decir, pero te aseguro que así va a ser. El cuento es que, según el reglamento, van a tener que repetir la votación para escoger a cualquier otro senador de oposición en esa vicepresidencia. Cualquier otro, menos Bolívar. Ya te imaginarás lo que te estoy planteando…

—Pero y esa vicepresidencia qué. Eso es más decorativo que cualquier otra cosa.

—Sí, pero de vez en cuando el que está ahí preside las sesiones del Senado y moja prensa. Puede ser un primer experimento para que Name se luzca más… para que tú, sobre todo, te luzcas más.

—Puede ser… Habría que convencerlo.

—Ay, Maye… no va a ser capaz una llanera como tú… Esto es una bobada en comparación con tantas cosas que has logrado en la vida.

***

La representante a la Cámara Katherine Miranda recibió un chat de Lorena. Habían estudiado juntas en Barcelona y dos o tres veces al año se cruzaban mensajes sin que llegaran a ser conversaciones.

«¿Y será que a Iván Name sí le vamos a conocer la voz ahora que llega a la segunda vicepresidencia del Senado?», decía el chat.

Katherine arrugó la cara. Iba a responderle «¿Cómo así? No entiendo», pero le entró una llamada, se embolató y olvidó el asunto. Volvería a acordarse de aquel chat el 20 de julio, indignada y convencida de que congresistas de su propio partido participaron del complot contra Gustavo Bolívar.

(En este video la representante Miranda cuenta que se enteró de antemano de la idea de poner a Iván Name en la segunda vicepresidencia del Senado).

***

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