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14 Aug 2022 - 2:00 a. m.

Capítulo 32: Secreto a voces

Gustavo Petro «desapareció» entre el domingo 31 de julio y la mañana del jueves 4 de agosto. Mintieron cuando explicaron que estuvo en La Macarena. «Es por una causa muy fuerte», se le escapó a Luis Fernando Velasco.

Capítulo 32: Secreto a voces
Foto: Colaborador/a Esporádica

ADVERTENCIA: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas advierten que su trama está «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. «La candidata presidencial» es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación del autor. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Lunes 1º de agosto de 2022

Por séptima vez, Gustavo Petro miró de reojo el Gran Reserva*. Tenía un moño rojo y una nota firmada:

Para ‘Aureliano’, el comandante de las 32 guerras perdidas que al final ganó la batalla por la Presidencia.

Con admiración, Lorena.

El mensaje había acariciado el delirio del presidente electo, su gusto por verse a sí mismo como aquel personaje solitario y místico de «Cien años de soledad». Petro, en su complejo de mártir, llevaba décadas identificándose con esa figura de luchador incansable, siempre acechado por fuerzas poderosas, pero nunca alcanzado por la muerte. Ahora, a seis días de su posesión, saboreaba la idea de haber superado al coronel Buendía, cambiando una vida de derrotas por su predestinación a la gloria.

La Candidata lo sacó de su fantasía para traerlo de nuevo a la conversación.

—Si queremos voltear esa torta de la Contraloría nos toca movernos rápido y, mejor, sin Roy. Es verdad que es un aliado, pero también es cierto que él hace parte de otro poder. Es presidente del Congreso, con su agenda y con sus intereses. Desde allá él no puede ver con los ojos del Ejecutivo. Organicémonos esta misma semana con el que vaya a ser tu ministro del Interior. Ese es el que debe estar al frente de esto.

—Yo creo que el ministro tiene que ser Prada —dijo Petro—. Tú tienes razón en la lectura que haces de ese ministerio. Ahí se necesita un soldado meticulosamente fiel, cuya única agenda sea la del presidente… Y entre Prada y Velasco, yo veo una lealtad más… digámoslo… veo una lealtad más fuerte en Prada. Sin decir que Velasco no sea leal.

—De acuerdo. Velasco es leal, pero… pues, tiene unos intereses puestos en la jefatura del Partido Liberal. Nada que hacer ahí. Avísame cuando le des la noticia a Prada para ponerme en contacto con él…

La Candidata, sentada en el sofá de su sala, se alistó para ponerse de pie, pero antes consultó con Lorena:

—¿Es todo o nos queda algo más por hablar?

—No, nada —respondió su secretaria privada—. Ya acabamos. Nos demoramos, pero acabamos. Y no es tan tarde tampoco. Apenas van a ser las 8 de la noche…

Todos se pararon de sus asientos. Petro miró de nuevo el Gran Reserva, como despidiéndose de él.

—Presidente, no se le olvide mi regalo —pidió Lorena, rescatándolo de la mesa de centro—. No es cualquier cosa. Es un Gran Reserva. Aproveche ahora que no se ha posesionado. Si hay un momento para desjuiciarse es este.

La Candidata y Petro compartieron una mirada de evidente incomodidad.

—A mi casa yo no llevo estos gusticos —explicó el presidente con una sonrisa tímida.

Lorena insistió:

—Qué va, presidente. Uno al año no hace daño.

La Candidata intervino con impaciencia:

—Lorena, no más. Déjalo así.

La secretaria privada se mostró confundida. Luego hizo cara de quien, de repente, entiende la imprudencia que está cometiendo.

—Por favor, excúseme, presidente… No pensé que esto fuera un tema sensible.

Petro sintió el impulso de negar la delicadeza del asunto:

—No, para nada… No es que sea un tema sensible… Simplemente…, hay cosas de las que nos gusta prescindir en mi casa.

—Entiendo, presidente. Discúlpeme de verdad. Me queda claro que usted… pues… simplemente, me queda claro. No hay nada más que decir.

El elefante quedó en el aire. Petro se sintió obligado a normalizar la situación.

—Pero tampoco le pongamos tanto misterio. Es verdad que no me puedo llevar el Gran Reserva, pero… si ustedes me acompañan… podríamos compartir un poco aquí mismo. Estamos en confianza, ¿o no?

***

Martes 2 de agosto de 2022

A las 8 y 8 de la mañana, Alfonso Prada estaba terminando de acomodarse la camisa en el pantalón. Tardó en contestar el teléfono porque se enredó un poco con la abrochada del cinturón.

—Quiubo, ¿qué ha pasado?

—Te tengo una noticia muy buena y una muy mala —saludó la Candidata—. La muy buena es que eres el próximo ministro del Interior. Petro me preguntó y le dije que tenías que ser tú. Le di un par de buenos argumentos.

—Ah, pues… tremenda noticia. Y gracias por el empujón.

—Cuando él te lo haga saber finge sorpresa.

—Ja, ja, ja. Fingiré sorpresa. Cómo no.

—La mala noticia es… de verdad, es una muy mala noticia: está complicado que el presidente llegue a la reunión con los alcaldes. Vas a tener que lidiar con la situación.

Alfonso Prada suspiró sin entender el mensaje.

—¿Qué tan tarde va a llegar?

—No. Te estoy diciendo que es altamente probable que no vaya.

—¡¿Cómo?! ¿Que no va a ir a la reunión con los alcaldes?

—Solo te puedo decir que… no está en condiciones…

Prada estrujó su rostro con molestia.

—¿Pero de qué estás hablando? ¿Cómo así que no está en condiciones?

—NO ESTÁ EN CONDICIONES, Alfonso.

El hombre no se dejó imponer el tono de la Candidata.

—Si quieres que yo me aparezca por allá a darles la cara a 900 alcaldes, vas a tener que contarme mucho más que eso.

La mujer hizo una pausa premeditada.

—El presidente… se trasnochó. ¿Entiendes? Se trasnochó.

Prada, al fin comprendió.

—¿Dónde está?

—En mi casa.

—¡¿En tu casa?!

—Sí… Mira… Estábamos anoche en una reunión de trabajo y cuando acabamos Lorena le regaló… Mmm… Prefiero no contar más por teléfono. Creo que ya entendiste la idea.

—No, pues me queda clarísima la idea… ¿Pero qué le digo yo a esta gente?

—Si eso te parece difícil piensa en esto otro: yo he tenido que lidiar con Verónica desde anoche. Me quiere ahorcar. Es capaz de vetarme. La última vez el que llevó del bulto fue Bolívar. ¿Te acuerdas?… Pero bueno… Bufff… Hagamos una cosa. Dame un par de horas y te cuento si logramos recomponerlo. Invéntate cualquier vaina mientras tanto.

***

A las 10 y 52 de la mañana de aquel martes, Lorena estaba rendida. Pronto completaría 30 horas sin dormir.

—Yo te dije que te levantaras tarde ayer —le recordó la Candidata—. Ahora estás extrañando esas horas de sueño.

—Bueno, pero qué me dices de Petro. Es una máquina. Sigue ahí sentado como si nada.

Las dos miraron al presidente electo desde el corredor.

—«Como si nada» no está —corrigió la Candidata—. Si estuviera «como si nada» podría ir a la reunión con los alcaldes, pero así no puede aparecerse en ningún lado.

—¿Y entonces? Vamos a decirles ya que definitivamente no va.

La Candidata se burló:

—Al contrario. Vamos a decirles que sí va.

La jefa le marcó a Alfonso Prada. El futuro ministro del Interior, que estaba en la mesa principal del evento con los alcaldes, contestó cubriéndose la boca con una mano, para que nadie tuviera oportunidad de leerle los labios.

—Quiubo —contestó Prada.

—Buenas noticias.

—Dímelo todo.

—Puedes anunciar que el presidente Petro llegará a las 2 de la tarde.

—¿En serio?

—En serio.

—Y… ¿lo hago público ya o me espero un rato para estar seguros?

—Manéjalo como quieras, pero él va porque va. Es una decisión suya.

—Buenísimo… Buenísimo… No sabes lo alborotada que ha estado la gente acá. Voy a contarles a todos ya mismo.

Prada colgó, infló sus pulmones y exhaló con alivio. Sin pensarlo mucho, interrumpió la intervención improvisada que hacía Luis Fernando Velasco y le pidió el micrófono:

—Eh…, Luis Fer, permíteme que tengo un mensaje del presidente

En el apartamento de la Candidata, Lorena sintió pesar por Prada y por Velasco.

—Pobres. No me los imagino después contando que definitivamente no va y dando explicaciones otra vez (escuche a Luis Fernando Velasco decir que no asistió «por una causa muy fuerte»).

—Les toca manejarlo con pinzas —advirtió la jefa—. El que se ponga de bocón puede despedirse de la idea de hacer parte del gabinete.

—Qué pesadilla.

La Candidata miró de nuevo a Petro, sentado como una estatua.

—Pesadilla la de él cuando vuelva en sí. Yo creo que cae fundido en la tarde. Va a necesitar todo el día de mañana para recuperarse. ¿Cuándo fue la última vez que tuiteó?

—El domingo en la noche —respondió Lorena.

—Imagínate… Si la última señal de vida la dio el domingo en la noche y retoma actividades el jueves en la mañana, significa que habremos «desaparecido» del mapa al presidente electo de Colombia durante… 84 horas. Hay que tener talento para esto que estamos haciendo.

—Con Nicolás ya hablamos de qué mentira ponerlo a decir a primera hora del jueves: que estuvo en La Macarena haciéndose la foto oficial.

—¿Es fácil que descubran esa mentira? —preguntó la Candidata.

—Sí. Hay un par de registros que evidencian que Petro fue a La Macarena hace dos semanas: un tuit de un periodista local y uno de los secretos de CM&… Pero, además, si queremos, podemos contradecirnos para quedar todavía más en evidencia. Lo que me cuesta es creer que nadie haga la tarea de desnudar semejante mentira que vamos a echar.

—Seguro sí va a haber alguien que haga la tarea, pero esas son vocecitas aisladas. Ni los medios grandes ni los políticos van a hacer un escándalo con esto. ¿Sabes por qué? Porque los secretos presidenciales, aunque son secretos a voces en los círculos de poder, son los secretos mejor guardados por los círculos de poder. El problema para todos ellos es que, en tiempos de redes sociales, ya no hay secretos que duren para siempre.

***

*El Gran Reserva es un queso de oveja que tiene un periodo de maduración superior a los 12 meses.

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