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12 Jun 2022 - 2:59 p. m.

Capítulo 28: Con cara y con sello

El día de la segunda vuelta, sin importar el resultado, gana la Candidata. Si Petro es presidente, ella será alta consejera de relaciones políticas. Si gana Rodolfo, gobernará mientras él despacha desde su casa. Así será su próximo fin de semana.

Capítulo 28: Con cara y con sello
Foto: El Espectador

ADVERTENCIA: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas advierten que su trama está «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. «La candidata presidencial» es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación del autor. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Sábado 18 de junio de 2022

En la terraza de su casa de campo, a las afueras de Bogotá, la Candidata trabajaba concentrada, al lado de la parrilla. El carbón ya estaba caliente, pero aún no había comida sobre la rejilla. La mujer cogió uno de los lomos de cerdo. Con un cuchillo le quitó una capa de grasa y lo devolvió a la refractaria de metal. Regó la carne con aceite de oliva, partió un limón —amarillo y jugoso— y exprimió ambas mitades encima. Echó sal fina con los dedos, le dio vueltas a la cabeza de un pimentero y traqueteó el cerdo para asegurarse de que quedara impregnado de todo. Tan pronto la carne tocó la rejilla, Lorena y Nicolás detectaron el sonido de la grasa quemándose en el metal y el humo disipándose en el jardín.

—¿Segura no ayudamos con nada? —preguntó Nicolás, acercándose a su jefa.

La Candidata negó mientras tomaba un trago de cerveza.

—Más bien cuéntame por quién vas a votar.

Nicolás sonrió apenado. Lorena, sentada en la mesa al aire libre, no se aguantó:

—¡Él solo vota cuando usted está en el tarjetón!

—Eso no es verdad —aseguró Nicolás—. En primera voté por Fico.

Lorena y la Candidata, sorprendidas, exclamaron al mismo tiempo:

—¡¿Por Fico?!

Nicolás, que solo sabía decir mentiras cuando podía ensayarlas con tiempo, dijo la verdad para salirse del embrollo.

—Yo siempre voto como mis papás… Es una cosa que tenemos. Yo los llamo, les pregunto a quién hay que apoyar y votamos todos por el mismo. Aunque, en realidad, votamos es por el que dice mi papá. Mi mamá me dijo el otro día que hubiera preferido votar por Rodolfo.

—Bueno… Eso significa que tú mamá es una visionaria y que los tres van a votar por Rodolfo mañana. Van a ser cuatro con el voto de Lorena.

La secretaria privada se levantó de la mesa sin soltar la cerveza.

—¿Ah, sí?… ¿Y usted por qué cree eso? —preguntó acercándose a la Candidata.

—¿Estoy equivocada?

Lorena se quedó viéndola, pensando si lo admitía.

—Pues sí voy a votar por Rodolfo. ¿Pero usted por qué sabe?

La Candidata bebió de nuevo.

—Por la misma razón por la que yo quisiera que Rodolfo ganara: porque podríamos pedirle lo que se nos antoje. ¡Nos lo debe todo! Beccassino podrá decir en todas sus entrevistas que él fue el genio que lo catapultó con sus chorradas de publicista, pero Rodolfo sabe muy bien que nosotros llegamos primero. Tú, Nicolás y yo estamos pateando el ajedrez desde el año pasado para despejarle el camino a segunda vuelta.

La Candidata fue a la cocina y trajo de regreso papas cocidas y guacamole. Puso ambos en el centro de la mesa. Terminó de asar el cerdo y se los sirvió a Lorena y Nicolás. Se quitó el delantal y tomó asiento.

—¿Y su carne? —preguntó Lorena.

—Yo no como carne —contestó la Candidata como si fuera una obviedad—. Pensé que sabían.

Olga, la empleada de servicio doméstico, le trajo una ensalada de coliflor rostizado, lechuga, uvas pasas, pesto, aguacate y papas con romero. También, una copa de vino blanco. Lorena se sorprendió con lo que parecía un contrasentido, pero se sorprendió aún más al descubrir sangre en la blusa color hueso de su jefa. La manga se había ensuciado con el cerdo. Era una imagen extrañísima porque ella siempre se veía impecable y toda su ropa parecía a prueba de arrugas y suciedad. La Candidata pilló la mirada distraída de Lorena.

—A veces es inevitable mancharse de sangre —comentó la jefa con naturalidad.

Levantó su copa y brindó con las cervezas de ellos.

—¿Quién creen que gana mañana? —indagó Nicolás.

La Candidata se quedó viendo a sus asesores antes de responder.

—Lo importante es que ya ganamos nosotros. Esta es la elección que nos soñamos hace un año: Petro contra un Donald Trump. Si el presidente es Gustavo, yo quiero lo que me imaginé desde un principio: una alta consejería de relaciones políticas. Una oficina de esas nunca está en el radar de los medios y no tiene responsabilidades de nada. Es perfecta para seguir conspirando.

—¿Y si gana Rodolfo? —preguntó Lorena.

—Bueno… Rodolfo ya dijo que iba a despachar desde su apartamento. Alguien va a tener que gobernar desde la Casa de Nariño… Yo sería muy feliz quitándoles las camionetas a las esposas de los políticos y eliminando los consulados de los sobrinos. Me lo imagino como el mejor trabajo del mundo.

***

Domingo 19 de junio de 2022 (día de la segunda vuelta)

Como un eco que rebota de radio en radio y de pantalla en pantalla, a las 4 y 8 de la tarde se propagó por todo el país el primer boletín de la Registraduría Nacional:

«Con el 0,57 por ciento de las mesas informadas, encabeza Rodolfo Hernández con el 48,64 por ciento. Gustavo Petro: 45,51 por ciento. La diferencia es de apenas 3,1 por ciento…».

Gustavo Petro, que tenía la barbilla recostada en un puño, despegó los ojos del televisor y compartió una sonrisa nerviosa con su círculo de alfiles. El primero en renegar fue Armando Benedetti:

—Eso no es ni el uno por ciento de las mesas. No deberían ni reportarlo.

Roy Barreras también sintió el impulso de aclarar:

—Con el 20 por ciento es que hay tendencia, por ahí en el cuarto boletín.

Estaban, junto a la familia de Petro, en una habitación del hotel Tequendama, a solo unos pisos de distancia del salón donde luego tendrían que dar la cara.

La Candidata esperaba de pie, nerviosa, aunque eso no le impidió burlarse de la situación.

—No los veo emocionalmente preparados para perder. Para eso también hay que tener listo el corazón.

—¡No jodaaaa! —reclamó Benedetti.— Tú sí eres ave de mal agüero.

Petro repitió su sonrisa nerviosa. Verónica, su esposa, se lo tomó con gracia:

—Si algo sabemos nosotros es perder, ¿o no, amor? —le preguntó a su marido.

—Esperemos… esperemos —respondió el candidato.

Se ensimismaron todos en sus celulares, en los chats de WhatsApp y en los tuits inacabables. Se cruzaron algunas preguntas logísticas: «¿Dónde viene Francia»?, «¿Ya se llenó el salón?», «¿No alcanzó la tarima para las cámaras?». A las 4 y 13 los cogió desprevenidos el siguiente avance:

«Atención: segundo boletín de la Registraduría, con el 1,75 por ciento de las mesas informadas. Encabeza ahora Gustavo Petro con el 49,13 por ciento. Rodolfo Hernández: 45,49 por ciento».

—¡Esa vaina! —celebró Benedetti aplaudiendo.

La Candidata arqueó las cejas y se burló de él con la mirada:

—¿En serio? ¿Vamos a aplaudir con menos del 2 por ciento de las mesas? Roy dijo que con el 20 por ciento hay tendencia. Hay que ser coherentes —bromeó picándole el ojo a las hijas de Petro.

—Erdaaaa… ¿No puedes ver un pobre acomodado? —contestó Benedetti.

—Bueno, entonces, si nos vamos a subir desde ya en el bus de la victoria me pido la Secretaría General de la Presidencia —dijo la Candidata.

Roy saltó de su esquina y le dijo que no abanicando su índice derecho.

—Ni de fundas —advirtió.

Todos rieron. Compartieron cariños y pullas. Se acordaron de momentos de la campaña. Se mofaron de Sergio Fajardo y de Jorge Enrique Robledo («Deben estar llegando a Nuquí»). Apareció Francia Márquez. La recibieron con algarabía.

«Tercer boletín de la Registraduría, con el 7,43 por ciento de las mesas informadas. Mucha atención porque vuelve a tomar la delantera Rodolfo Hernández, pero con un margen muy pequeño. Tiene el 47,61 por ciento de la votación, frente al 46,89 por ciento de Gustavo Petro. La diferencia es de menos del 1 por ciento…».

Todos en el cuarto murmuraron algo: «No puede ser», «Qué es esto», «A mí me va a dar algo», «Qué paridera», «No, no, no, no…». Hasta Petro reaccionó: «Está apretada la cosa… je, je, je, je».

—Es increíble —compartió la Candidata en voz alta—. Estamos cabeza a cabeza con un tipo que no tiene bancada en el Congreso y que, por eso mismo, si pierde va a ser un absoluto cero a la izquierda. Pero si gana, va a poder gobernar con todos, precisamente porque no tiene partido.

—Eso es lo que no podemos permitir —intervino Petro con seriedad—. Si Rodolfo gana, no podemos permitir que termine gobernando con el uribismo. Colombia ya votó por el cambio y eso es algo que podemos ofrecerle a Rodolfo: gobernar juntos para hacer realidad el cambio que la gente pidió desde la primera vuelta.

—Me alegra saber que tu plan A no es ser oposición —celebró la Candidata.

Petro arrugó los ojos, confundido.

—Pues claro que no… Mi plan A siempre ha sido gobernar, con todos los que están acá. ¿Ese no es tu plan A también?

La pregunta cogió desprevenida a la mujer, pero la salvó el cuarto boletín de la Registraduría.

«Mucha atención, porque aquí ya hay una diferencia importante y una tendencia que puede mantenerse, con el 22,83 por ciento de las mesas informadas…».

El instante se sintió eterno. Algunos contuvieron la respiración. La Candidata se quedó viendo sus caras de ansiedad. Parecía que también podía escuchar sus corazones acelerados. Aquella incertidumbre era solo el principio. Se venían cuatro años, no de ver el mundo arder, sino de intentar quemarlo con sus propias manos.

***

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