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12 Dec 2021 - 2:00 a. m.

Capítulo 17: Los votos de Rodolfo

Si el ingeniero Rodolfo Hernández se consolida tercero, como dicen las encuestas, su apoyo sería determinante para poner al próximo presidente.

Los votos de Rodolfo Hernández serían decisivos para inclinar la balanza.
Los votos de Rodolfo Hernández serían decisivos para inclinar la balanza.
Foto: El Espectador

ADVERTENCIA: ESTO ES FICCIÓN

Ase recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas advierten que su trama está «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. La Candidata Presidencial es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación del autor. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Lunes 22 de noviembre de 2021

El citófono del apartamento del ingeniero Rodolfo Hernández sonó. La empleada de servicio doméstico atendió la llamada.

—Sí, que suba —dijo la mujer santandereana y le confirmó a su jefe la esperada visita—. Es ella, doctor.

Hernández se paró de su escritorio y se montó en una bicicleta estática que pusieron allí la noche anterior, junto a un juego de pesas sin estrenar. Ese día había esperado hasta las 8:30 de la mañana para recibir a su invitada con tenis, pantaloneta y camiseta transpirable. Era algo inusual porque Rodolfo Hernández, por tarde, siempre está vestido a las 7:03 de la mañana con pantalón y camiseta polo mangalarga.

La Candidata llegó a la puerta del apartamento 701. No alcanzó a timbrar porque Oreo y su hermano se le adelantaron. La anunciaron con una ráfaga de ladridos estridentes. La mujer blanqueó los ojos. Le fastidiaban los perros de voces chirriantes. La empleada abrió la puerta y la invitada miró con desprecio a los bulldog franceses que siguieron haciendo escándalo por unos segundos más. Dio unos pasos al frente y detalló tanto como pudo ese gran salón que integraba en un mismo espacio la sala, el comedor, el estudio, la cocina abierta y lo que parecía ser un pequeño cuarto de reuniones encerrado en cristales.

(En el siguiente video se le puede dar un vistazo al primer piso del dúplex de Rodolfo Hernández en Bucaramanga).

Si Rodolfo Hernández se consolida tercero, como dicen las encuestas, su apoyo sería determinante para poner al próximo presidente.

A un costado, el excalcalde de Bucaramanga pedaleaba en su bicicleta nueva con algo de sobreactuación.

—Deme un minuto que ya voy a acabar acá —dijo Hernández, como parte de su pantomima.

La Candidata aprovechó para husmear otros detalles de la casa, minimalista en su estructura, con paredes y techo de color cemento. Se notaba que el apartamento lo había diseñado él, un ingeniero cuadriculado, aunque la decoración había quedado a cargo de su esposa, experta en diseño de interiores y amiga de las repisas curvas y estrafalarias. No había fotos de sus hijos, pero sí de sus perros disfrazados de ranas, en cuadros grandes al lado del escritorio. «Estos son de los que quieren más a sus mascotas que a su propia sangre», pensó la Candidata.

—Listo… —dijo Hernández—. Qué pena, pero esta rutina de cardio no me puede hacer falta.

El hombre se bajó de la bicicleta y se secó con una toalla un sudor que no tenía. La Candidata percibió algo sospechoso, pero no lograba identificar qué era.

—¿Cuánto pedaleas todos los días?

Hernández dudó, como los mentirosos que no prevén los detalles de sus mentiras.

—Unos 45 minuticos. A veces una hora.

La Candidata volteó a mirar el asiento de la bicicleta y confirmó que no había el más mínimo rastro de sudor. Recordó entonces que el exalcalde estaba en plan de demostrar que, pese a su edad, su salud marchaba bien.

—Estás como un roble, Rodolfo. Bien por ti. Te alcanza para ser presidente por dos periodos. Hasta el 2030.

Hernández sonrió complacido. La invitó a sentarse en la sala.

—Contéstame algo con absoluta honestidad —pidió la Candidata—. ¿Tú de verdad crees que vas a ganar en primera vuelta? ¿En serio crees eso?

Hernández se encogió de hombros.

—Eso es lo que hay que decir, ¿no?

La Candidata sonrió.

—Te voy a decir lo que yo creo, Rodolfo… No hay la más mínima posibilidad de que ganes en primera vuelta.

Lo dijo con algo de desdén. Hernández no supo cómo reaccionar de inmediato ante lo que parecía una provocación.

—En cambio —retomó la mujer—, de lo que sí estoy absolutamente segura… es de que tienes posibilidades reales de ganar en segunda vuelta.

Hernández se echó para atrás, como descansando los músculos que se le habían tensionado tras el primer comentario de ella.

—¿Y usted por qué cree eso? —preguntó gustoso el exalcalde.

—Para empezar, eres LA sorpresa de esta campaña… Estás tercero en las encuestas y sin aliarte con nadie. Eso es tremendo…

Hernández se relajó aún más para recibir las flores.

—Pero hay algo más importante todavía, Rodolfo: tú eres el único candidato por el que todos harían campaña en segunda vuelta, con tal de derrotar a Petro. Y harían campaña activa, ¿eh?, desde la centroizquierda hasta la extrema derecha, porque eres una alternativa aceptable para todos: fuiste buen alcalde, eres empresario, no eres godo, pero tampoco eres socialista… y lo más importante de todo es que nadie te odia… En cambio, mira a Fajardo… Si él llegara a segunda vuelta, la derecha no le va a hacer campaña. A ti sí te apoyarían con gusto. Y voy más allá… A estas alturas, el establecimiento ya sabe que tú puedes ser la única opción para evitar que Gustavo Petro sea presidente.

—¿El establecimiento? —preguntó Hérnandez sorprendido—. ¿Quién en el establecimiento?

—Por ejemplo… la Fiscalía… ¿La otra semana tienes una audiencia, verdad? Desde hace un tiempo te quieren meter la mano por el contrato ese de las basuras… Pues adivina qué… Una fuente muy confiable me dijo que el fiscal del caso va a pedir un aplazamiento de la audiencia. Eso no es gratuito, Rodolfo… Están poniendo el proceso en pausa porque saben que te pueden necesitar.

Hernández no estaba seguro si sentirse halagado o intimidado.

—¿Y usted por qué me cuenta todo esto? —cuestionó Hernández—. ¿Usted no es de la «coalición de la esperanza»? ¿Usted no debería estar apoyando a sus candidatos?

—Mira… A mí me gusta apostar por los caballos ganadores y los de la «coalición de la esperanza» no le vamos a ganar a Petro… El único que medianamente podría competirle es Fajardo y, francamente, dudo que llegue habilitado a la elección. Ese mismo establecimiento que te está dando un respiro a ti, lo está ahogando a él. Las cosas han cambiado. Ahora la suerte está a tu favor, pero hay que trabajar. No tienes nada ganado todavía y por eso vine. Quiero ayudar a que seas tú el que pase a segunda vuelta.

—¿Y cómo me ayudaría con eso si usted está metida allá?

La Candidata habló con una frialdad que desconcertó a Hernández.

—Pues por eso mismo… Como yo estoy «metida allá», lo que haría es sabotear a la coalición, desde adentro, para que no pasemos a segunda vuelta.

Hernández le sostuvo la mirada, sorprendido, intrigado, encantado.

—Obviamente usted quiere algo a cambio…

—Obviamente, Rodolfo. Obviamente…

***

Martes 30 de noviembre de 2021

La tetera sobre la estufa silbó. Lorena Agudelo, que se estaba abrazando a sí misma por el frío, disfrutó observar el vapor, como si con solo verlo se le calentara el cuerpo. Un helaje atravesaba el municipio de Chía a esas horas de la noche.

—No creemos que a Rodolfo Hernández le alcance para pasar de primera vuelta —explicó la asesora de la Candidata—, pero sí estamos convencidas de que él puede ayudar a inclinar la balanza al final, para que sus votantes nos ayuden a ganar en segunda vuelta.

El anfitrión apagó el fogón y sirvió el té en dos tazas que había alistado minutos antes. Lorena apoyó los codos en el comedor de la cocina y se frotó las manos, haciéndose ilusiones con la bebida caliente que le iban a servir.

—Mi jefa le endulzó el oído —siguió contando Lorena—, le dijo a Rodolfo que lo iba a ayudar a ganar la Presidencia. Obviamente eso no va a pasar, pero la idea es asegurarlo como amigo cuando necesitemos su apoyo… Nosotras creemos que eso es lo que hay que hacer: cultivar amigos, pero sin hacerlo público. No hay necesidad. Eso es lo mismo que hay que hacer con el Partido Liberal, conversar, hacer acuerdos, pero sin que se entere todo el mundo.

El té finalmente llegó a la mesa. Lorena agarró la taza con sus dos manos en coca, queriendo que el calor de la cerámica le atravesara las manos y le llegara hasta el pecho.

—De lo que me estás hablando son de acuerdos por debajo de la mesa —dijo Gustavo Petro.

—Pues sí… No hay necesidad de «paniquear» a todo el mundo con esto de acercarnos a Luis Pérez. Es más, ni siquiera necesitamos a Luis Pérez para negociar con el Partido Liberal…

—«Negociar» no —corrigió Petro—. «Pactar» con el Partido Liberal.

Lorena respiró profundo, pero sin que se notara mucho.

—Eso… Podemos «pactar» directamente con el Partido Liberal. César Gaviria está esperando los resultados de las consultas en marzo para ver cuál árbol da más sombra. Cuando se confirme que el Pacto Histórico es el que más convoca, César Gaviria va a llegar solito a ofrecer los votos del Partido Liberal.

(Escuche en este video a César Gaviria hablando de cómo sus votos podrían decidir la elección presidencial).

Si Rodolfo Hernández se consolida tercero, como dicen las encuestas, su apoyo sería determinante para poner al próximo presidente.

—Es verdad que con el Partido Liberal podríamos ganar en primera vuelta —prosiguió Lorena—, pero no espantemos a la gente metiendo a Luis Pérez al Pacto Histórico de la noche a la mañana…

—Yo hoy me pasé todo el día defendiendo la idea de hablar con quien piensa diferente. He defendido, y sigo defendiendo, un diálogo con Luis Pérez y con todo el liberalismo… con todos los que defienden idearios liberales. De manera que va a ser muy difícil salir mañana a decir que no quiero nada con Luis Pérez.

—A ver… Eso está bien… que se ambiente esa idea de unir, de pactar con el que es distinto… Usted maneja muy bien eso, Gustavo. Pero lo que sí hay que dejar claro es que Luis Pérez no ha entrado al Pacto Histórico.

—Yo prefiero no decir eso. Yo no puedo salir a cerrar puertas, cuando lo que hay que hacer es abrir puertas.

—No hace falta que lo haga usted. Lo más elegante es que lo diga Luis Pérez. Deje que nosotras nos encargamos de hablar con él. Usted solo dígale que lo vamos a buscar.

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