20 Feb 2014 - 7:52 p. m.

Capítulo 4: Rojo come rojo - La Candidata: primera temporada

El Partido Liberal se rompe tras la decisión de otorgarle a Horacio Serpa la cabeza de lista al Senado. Juan Manuel Galán lanza dura advertencia a los Gaviria.

ADVERTENCIA: ESTO ES FICCIÓN

Aquí se recrea la actualidad de Colombia con situaciones imaginadas, diálogos inventados y personajes ficticios. Así como algunas películas dicen «basada en hechos reales», esta es una novela basada en hechos actuales. En otras palabras: no se confunda. La Candidata Presidencial es una caricatura de la realidad, una parodia, un ejercicio de imaginación. Esta es una novela de ficción coyuntural.

Jueves 28 de noviembre de 2013

Roberto Pombo, ya peinado pero aún con el pelo mojado, se colgó una corbata rosada de círculos azules. Antes de empezar a acomodarla en el cuello de la camisa, su mujer lo detuvo.

—Mejor ponte esta otra—le recomendó Juanita Santos saliendo de la cama y buscando en el ropero una prenda morada de estampados lilas y celestes.

—Lo de Chabuco va a salir muy bien —dijo Pombo levantando la quijada, mientras ella anudaba su corbata—. Ayer me dijeron los de mercadeo que, con el CD de regalo, perfectamente podríamos vender 3.000 periódicos más este domingo.

Juanita adoraba esos pequeños momentos semanales de intimidad con su esposo, particularmente, aquellos en los que podía hablarle a una corbata de distancia y sacarlo de las conversaciones políticas en las que él andaba inmerso, por cuenta de su trabajo como director de El Tiempo.

—Y vieras lo agradecido que está Chabuco con nosotros —replicó ella—. Quiere que almorcemos otra vez este fin de semana.

El teléfono celular de Pombo empezó a sonar sobre la mesa de noche. Juanita entendió que su momento de intimidad había acabado cuando él le mostró la pantalla y vio quién estaba llamando.

—Aló.

—Roberto, ¿cómo estás?

—¿Qué hubo, senador Galán? ¿Cómo va?

—Bien, Roberto, bien. Tú sabes, dando la lucha en el Partido. Los peores demonios son los que uno lleva por dentro.

—¿Y eso? ¿Qué ha pasado? ¿Todo bien o no?

—Pues… es que precisamente te llamo porque hoy va a haber junta de parlamentarios liberales. Te cuento… lo más seguro es que se ratifiquen en el cajón que me han venido haciendo y decidan que Horacio Serpa sea la cabeza de lista, pero yo estoy decidido a dar la pelea hasta el último momento. Creo que tengo una oportunidad de voltear la torta antes de la Convención de este fin de semana. Es que… no me parece justo, Roberto, que le pasen por encima a un trabajo juicioso que he venido haciendo estos últimos ocho años y quisiera decir unas cosas antes.

—¿Y se le ocurre que hagamos una entrevista o qué? ¿Cómo la ve?

—Sí, Roberto, qué pena tener que llamarte para estas vainas. Tú sabes que a mí no me gusta lagartear cosas así.

—No se preocupe. Ya mismo llamo a Edulfo Peña para que lo entreviste. Yo le digo que lo trate bien.

—No, no… Es que quería proponerte algo. Lo que yo voy a decir es fuerte contra el Partido. Es que, Roberto, estamos frente a una involución… los mismos políticos de hace 20 o 30 años, los caciques de siempre, todavía hoy tomando decisiones a dedo. Y yo me pregunto: ¿dónde está la renovación?, ¿dónde queda el legado democrático que le dejó Luis Carlos Galán al Partido? Entonces lo que yo te quería proponer y… insisto en que no me gusta pedir estas cosas… es que la entrevista la haga María Isabel. Ella es una entrevistadora muy leída y creo que puede tener más efecto.

—Mmmm… Ella publica los lunes y la Convención es este fin de semana. No le va a servir de nada, Senador, hacer una entrevista después de que todo quede decidido.

—Sí, sí… es que precisamente… pensé que podríamos hacerla antes. En todo caso, es una buena chiva para ustedes, Roberto.

—Ok. Déjeme hablar con ella. No creo que haya ningún problema (ver entrevista de María Isabel Rueda con el senador Juan Manuel Galán, publicada desde la noche del jueves 28 de noviembre).

—Hombre, mil gracias de verdad. Un abrazo.

El senador Galán guardó su teléfono en la solapa. Al frente, inexpresiva, la Candidata lo observaba. Pensaba con desprecio en lo convenientes y predecibles que resultaban los delfines políticos. Detestaba cómo ellos se creían el cuento aquel de ser ungidos por la historia, posando orgullosos con medallas que no se habían ganado (las medallas de sus padres), otorgándose a sí mismos el derecho a hacer carrera con logros ajenos. Aborrecía aún más que tuvieran éxito en sus propósitos y que navegaran por la burocracia del Estado como quien hereda una empresa familiar, por cuenta del peso de sus apellidos y no por el valor de sus capacidades. Los hijos de Luis Carlos Galán eran una buena muestra de la variada gama de delfines que nadaban por ahí. Claudio (el menor) a pesar de que sus propios hermanos solían tildarlo de vago en conversaciones privadas (o tal vez, por eso mismo), pasaba de agache ocupando un cargo de segunda con un título de primera: Director de Justicia, Seguridad y Gobierno del Departamento Nacional de Planeación. Por el contrario, Carlos Fernando (el de la mitad), era de los pocos buenos ejemplos para mostrar. Si bien era un protegido de Germán Vargas Lleras (quien a su vez fue pupilo de Luis Carlos Galán), no solo entendía la oportunidad que le daba su apellido para alcanzar metas ambiciosas, sino también asumía su posición con responsabilidad, disciplina y esfuerzo. Por su parte, Juan Manuel Galán, el primogénito que siempre se había sentido como el principal beneficiario del legado de su padre (y así lo habían consentido sus hermanos, por instrucciones de su madre), ahora resultaba víctima del mismo nepotismo del que se había privilegiado: su futuro como cabeza de lista dependía de Simón Gaviria, otro delfín, el Director del Partido Liberal, el hijo del expresidente César Gaviria.

El Senador y la Candidata se habían encontrado muy temprano para desayunar en La Bagatelle de la Zona G. Cuando Galán colgó en el teléfono con Roberto Pombo, la Candidata ya había acabado sus huevos poché.

—Haces bien —validó la Candidata bebiendo el último resto de su café.

—Gracias por recomendarme que la entrevista la hiciera mejor María Isabel —dijo el Senador—. Fue una muy buena idea.

—Para nada. Realmente me parece muy injusto esto que hacen contigo. Y no es que quiera ponerle más leña al fuego, pero me parece irrespetuoso y hasta ingrato con la memoria de tu papá.

—¿Cierto que sí? ¡Es que es de no creer! —dijo Galán, aliviado de que su comensal lo comprendiera—. Hace más de 20 años le dimos todo a César Gaviria para que fuera Presidente, y no solo me refiero al apoyo de nosotros, los hijos. ¿Te acuerdas de la pela que se dio mi papá para que el candidato liberal a la Presidencia se escogiera por consulta popular? Eso terminó beneficiando a Gaviria. Si el Partido hubiera elegido a dedo, habría ganado Samper. Ese antecedente debería ser suficiente para que hoy fueran consecuentes, para que hoy permitieran una selección más democrática de la cabeza de lista, en vez de dejar esto en manos de los viejos zorros de siempre. Además, con Gaviria se permitió en su momento la dichosa renovación del Partido y ahora, el mismo Gaviria, con unos añitos de más, frena las caras nuevas.

—Creo que debes decir todo eso en la entrevista. No hay derecho. Esa es mucha incoherencia la de los Gaviria. O sea: muy bueno para ellos cuando las escogencias internas fueron democráticas, pero malo ahora si es para los Galán. Y buena la renovación del Partido con Simoncito, pero mala si es con Juan Manuel.

—¡Exacto! Pero, agh…, yo tampoco quisiera hablar en esos términos y dañar una amistad de tantos años con ellos.

—Mira, Juan Manuel: los que están dañando la amistad son los Gaviria. Y me perdonas la franqueza, pero si vas a responder la entrevista con aguas tibias, mejor ni la hagas. Aquí hay que hablar de traición y de un Simón Gaviria inexperto que está más cerca de la política tradicional que de la renovación.

—Uy, no, no, no… Esas son palabras mayores. Yo no creo…

—Es una cuestión de tono, Juan Manuel. Entiendo que no quieras sonar irrespetuoso, pero hay maneras de decir las cosas. Por ejemplo, en vez de afirmar que los Gaviria te están traicionando, puedes decir que el Partido está traicionando lo que representa Luis Carlos Galán. Sobre Simón puedes decir que es presa de un chantaje por parte de los caciques electorales. Pero te digo una cosa: yo lanzaría un ultimátum y amenazaría con no ir a la Convención.

El Senador se quedó perplejo.

—Uh… No creo que bluffear así sea buena idea. Igual voy a tener que ir.

—Uno: no TIENES que ir. Dos: no estoy sugiriendo que blufees. Te estoy recomendando que, en serio, no te aparezcas por allá si el Partido se mantiene en su decisión de apoyar a Serpa.

—No entiendo. Así Serpa termine de ganar este pulso, que es lo más seguro, ¿qué gano yo con no ir a la Convención de mi partido?

La Candidata se quedó viéndolo con preocupación, entrelazó sus dedos sobre la mesa y dijo:

—¿Acaso no viste en televisión nacional la cara de amargado, y de bobo, de Francisco Santos cuando proclamaron a Óscar Iván Zuluaga como candidato? Me imagino que tú no querrás ser el Pachito Santos del Partido Liberal.

—No… pues claro que no.

—Voy más allá. Tienes que apostar duro. Van a seguir trapeando contigo si no pateas el tablero.

El senador Galán tuvo cierto miedo de preguntar.

—¿De qué estás…? ¿Exactamente de qué estamos hablando, Candidata?

***

En la oficina privada de César Gaviria, fue Simón quien abrió la puerta para recibir al senador Juan Fernando Cristo.

—Hola, Juan Fernando. Sigue, por favor —dijo el expresidente, sin levantarse de la poltrona en la que ya estaba acomodado, y le indicó con la mano que tomara asiento en el sofá.

El senador Cristo detectó de inmediato la preocupación de los Gaviria.

—¿Todo bien? Los veo con cara de acontecimiento.

Padre e hijo se cruzaron miradas.

—Le estaba contando a Simón que hablé con la Candidata —soltó el expresidente—. Como te comenté, le pedí a ella que nos ayudara con Juan Manuel para intentar convencerlo… o mejor… para intentar persuadirlo sobre la conveniencia de que Horacio sea la cabeza de lista. Tú sabes que ella tuvo una historia con el galanismo y, aunque distanciada, siempre ha mantenido una buena relación con ellos.

—Por como me están contando esta historia, supongo que no lo logró.

César Gaviria aclaró su garganta antes de proseguir.

—La Candidata acaba de hablar con Juan Manuel y me dijo que no pudo hacer nada, que él anda muy, muy, muy molesto, que no oye razones de nadie y que está dispuesto a todo. Le va a dar una entrevista a María Isabel Rueda, que será publicada de aquí al viernes. Se supone que nos acusará, al gavirismo, de traición a Luis Carlos Galán y va a poner en duda el liderazgo de Simón. Además, no va a ir a la Convención del Partido.

—Bueno, pues…, hasta ahí no es que me sorprenda de a mucho —dijo el senador Cristo—. Lo único que no me parecía previsible era que se ausentara de la Convención y eso tampoco es grave en todo caso. Por muy bravo que se ponga, él va a hacer campaña y todos los votos que consiga van a sumar en la lista del Partido. Por donde se vea, ganamos todos, con los votos de él y con los votos de Horacio, de manera que…

—No es lo único —interrumpió Simón—. La Candidata le dijo a mi papá que Juan Manuel va a ir mucho más allá: nos va a desafiar… o bueno, es más una amenaza contra mí.

Cristo hizo una mueca de incredulidad.

—¿Cómo así que una amenaza? Tampoco creo que…

—Va a anunciar que renunciará a su credencial como senador si no alcanza la máxima votación del Partido (ver tuit de Juan Manuel Galán, que después borró, lanzando el desafío).

—Pues muy bobo si…

—Pero… —se anticipó Simón—, va a amenazar con sacarme de la dirección del liberalismo si consigue la mayor votación.

Antes de que el senador Cristo tuviera tiempo de digerir la información, el expresidente sentó su posición.

—¡Qué se joda! No nos vamos a dejar extorsionar por él. Su soberbia lo único que demuestra es que todavía le falta mucho pelo pa’ la moña.

Simón y el senador Cristo se miraron extrañados. No se esperaban una reacción así.

—Óyeme bien, Juan Fernando —continuó el expresidente, en tono imperativo, dando una orden que resultaba incuestionable por la dureza de su mirada—, la bancada debe respaldar hoy mismo a Horacio. Si tienes problema con alguno, me cuentas y yo hablo con el que sea (ver noticia de respaldo a Serpa).

El senador Cristo asintió con la cabeza y se dispuso a retirarse, pero César Gaviria lo detuvo.

—Una cosa más: la Candidata me contó que el Procurador ya le advirtió a la Presidencia, de manera extraoficial, que lo mejor es que Santos no vaya mañana al encuentro de La U y que tampoco asista a nuestra convención el fin de semana.

—Sí, eso me dijeron en Palacio, pero dicen que están blindados jurídicamente.

—Lo que no deben saber es que, si el Presidente insiste en ir mañana a la reunión con la U, el Procurador se va a anticipar y, previamente, va a hacer público su pronunciamiento (ver noticia). Yo supongo que Santos no se va a arrugar por eso, pero siempre es bueno que alertes allá. El Procurador no solo quiere mostrar los dientes. Parece que también está dispuesto a morder.

***

Cuando el cielo empezó a oscurecer, la Candidata apenas entraba a su sede de campaña para ocuparse, por primera vez en el día, de asuntos estrictamente relacionados con su candidatura. Ahora, la casa de Teusaquillo cobraba vida. Unas 15 personas, entre politólogos, personal administrativo y un par de comunicadores, hacían ya parte de su primer equipo de trabajo.

—Tenemos unos primeros borradores para el logo de la campaña. Sería bueno que los viéramos de una vez —dijo Nicolás Ulloa, a manera de recibimiento, persiguiendo a la Candidata hasta su oficina.

—Vale. Me lavo las manos y los revisamos.

Nicolás entró con ella a la oficina y cerró la puerta.

—¿No me vas a contar antes de qué hablaste con Ordóñez?

La Candidata sonrió con picardía.

—Oh, por Dios… no me digas que ya va a destituir a Petro —intentó adivinar él.

—No todavía. Va a esperar un par de semanas.

—¿Y entonces por qué sigues sonriendo?

Lo pensó un poco antes de responder.

—Va a anunciar la destitución del Superintendente Financiero. El Procurador resultó más temerario de lo que imaginé. Le quiere demostrar a todo el mundo que su mano de plomo puede golpear cualquier mesa, incluso aquellas en donde tienen asiento los funcionarios del Presidente. No me lo dijo así, pero… en fin. Su egolatría solo contribuye al desmadre institucional y eso nos sirve mucho. Ahora mismo deben estar convocando a una rueda de prensa para las 7 de la mañana, pero sin decirles a los periodistas cuál es el tema.

La Candidata sacó su celular, le escribió un chat a Verónica Alcocer y le mostró el mensaje a Nicolás:

El Procurador está convocando rueda de prensa mañana a las 7am. Tengo información de que es sobre la destitución de Gustavo.

—Pero si me acabas de decir que eso no va a pasar mañana… ¿Por qué le estás diciendo mentiras?

—Caos, Nicolás. Caos. No sobra que se vayan poniendo nerviosos desde ya.

***

Apenas 45 minutos después del mensaje de la Candidata, en el Palacio de Liévano ya estaban reunidas 15 de las personas más cercanas al alcalde Gustavo Petro. Allí, entre otros, hacían presencia Hollman Morris (gerente de Canal Capital), Guillermo Alfonso Jaramillo (Secretario General de la Alcaldía) María Fernanda Carrascal (“asesora en comunicación digital”), Nicolás Petro (su hijo) y, por supuesto, Verónica Alcocer. El encuentro parecía un velorio.

Esa misma noche se empezó a cocinar el movimiento de Petro contra su destitución, anunciando la conformación de “comités de defensa de la Bogotá Humana”.

Al día siguiente, el 28 de noviembre, cuando se conoció que la rueda de prensa había sido convocada para anunciar una destitución distinta, nadie se tranquilizó. Por el contrario, solo alarmó más a todo el mundo. “Si el Procurador hace eso con quienes pertenecen al establecimiento, qué no hará conmigo”, dijo el Alcalde en uno de los pasillos del Palacio de Liévano. Muy cerca, en la Casa de Nariño, como si le estuvieran respondiendo, se oyó otra frase: “Ordoñez está desbordado”. La convulsión no pararía ahí. Más tarde, cuando en Twitter ya era tendencia el hashtag “#PetroSeQueda”, el expresidente conservador Andrés Pastrana presentó su libro “Memorias Olvidadas”. La Candidata no tuvo nada que ver con eso, pero la pelea que se avecinaba entre Pastrana y Gaviria (por cuenta de las revelaciones del primero) contribuía a sus propósitos. “Caos, Nicolás. Caos”.

***

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