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Acuerdos que alivian

Lariza Pizano

08 de febrero de 2026 - 12:06 a. m.
"Fue un descanso para todos, menos para la ultraderecha, que dos líderes que encarnan épocas de polarización optaran por la diplomacia básica": Lariza Pizano.
Foto: Juan Diego Cano

Acuerdo, conciliación, reconocimiento, amabilidad, serenidad, decencia, diplomacia, cordialidad: palabras que generan emociones positivas. Se contraponen a la angustia que producen el odio, las rabietas, la gritería y la incivilidad. Las palabras amables reflejan una vocación adulta que le dan un respiro al ejercicio y a la legitimidad de la política, sobre todo en un país tan difícil como este.

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Por eso, el resultado del encuentro entre Gustavo Petro y Donald Trump fue un alivio. Se sintió como un bálsamo que el presidente colombiano no llegara tarde ni provocara innecesariamente; que Trump no subestimara al mandatario de un país del sur ni convirtiera la reunión en un espectáculo de humillación. Fue un descanso para todos, menos para la ultraderecha, que dos líderes que encarnan épocas de polarización optaran por la diplomacia básica. Con dos personalidades políticas tan complejas, solo había temor.

Sensaciones de consuelo como esa llegan como contrapeso al grave desencanto democrático alimentado por la polarización. La encuesta Latinobarómetro muestra que la confianza en los partidos políticos en América Latina apenas ronda el 13 % y la confianza en los gobiernos no supera el 28 %. En Colombia, la confianza institucional ha caído sostenidamente en la última década, y el Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes ha documentado cómo desde 2011 la polarización política se asocia con menor credibilidad institucional y mayor desconfianza interpersonal. La gritería moviliza, pero no necesariamente construye legitimidad.

Trump, Putin, Milei o Duterte tienen bases fervorosas, pero no siempre mayorías estables. En Colombia ocurre algo similar: la calma de Iván Cepeda ha opacado la estridencia de otros sectores; en la derecha, el tono evolucionado de Paloma Valencia se impuso al de la Cabal y, en las últimas elecciones en Bogotá, la apuesta por la serenidad fue la que eligió a Galán. Los gritos cansan, la polarización erosiona la confianza y el tejido social, e incluso puede alimentar espirales de violencia simbólica y real.

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Tanto alivio generó el resultado de la visita a Trump como otro gesto reciente: el encuentro entre el presidente y el alcalde Carlos Fernando Galán para sacar adelante el Hospital San Juan de Dios. No se trata de que los líderes deban estar de acuerdo en todo. Forzar coincidencias o fingirlas, como lo vienen haciendo algunos políticos nacionales en época de coaliciones, suena falso y meloso. No es serio que quienes se han insultado en otros momentos por ser uribistas, santistas o pacifistas, intercambien elogios tácticos para justificar consultas o alianzas que nadie cree. Se trata de demostrar que el diálogo entre diferentes es posible y que la deliberación democrática no está rota. Los ejemplos de la visita de Petro a Trump y su encuentro con Galán, así sean esporádicos, alivianan la carga pública y permiten soñar que la razón y los acuerdos aún son posibles. Ojalá que así sea.

P. D. El CNE también desconoció los derechos políticos de dos millones setecientas mil personas que votaron en la consulta de octubre: una decisión que bien podría hacer parte de un régimen como el que critican quienes pregonan el terror a que Colombia se vuelva como Venezuela.

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Por Lariza Pizano

Politóloga de la Universidad de los Andes, académica y especialista en política colombiana.
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