Publicidad

Ceguera selectiva

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Lariza Pizano
22 de febrero de 2026 - 05:05 a. m.
“Abelardo de la Espriella produce rechazo en esos mismos círculos que hoy lo contemplan como opción electoral”: Lariza Pizano
“Abelardo de la Espriella produce rechazo en esos mismos círculos que hoy lo contemplan como opción electoral”: Lariza Pizano
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Hay un tipo de incomodidad que el establecimiento tradicional colombiano no termina de digerir. No es política. Es estética. Es de formas.

Durante décadas, la élite bogotana –y buena parte de las regionales– ha sostenido un código tácito: la riqueza no se exhibe, sino que se hereda o se disimula. El poder no se ostenta, se ejerce. El exceso es vulgaridad. El dinero nuevo, sospechoso. El arribismo, imperdonable.

Por eso Abelardo de la Espriella produce rechazo en esos mismos círculos que hoy lo contemplan como opción electoral. Su estilo desborda los códigos de sobriedad que habían marcado el ingreso a ciertos círculos. Avión propio, despliegue, bravuconadas, exceso verbal, armas, maltrato, derroche, terciopelo, mucho terciopelo. No es, ni de lejos, el candidato que invitarían al té de siempre.

Sin embargo, buena parte del establecimiento de bien tiene ceguera selectiva y, aunque lo desprecia, votará por él.

La razón es sencilla: el odio a Petro pesa más que cualquier incomodidad estética o moral. La democracia no se acabó con la llegada de la izquierda, pero si continúa en el poder sí podría acabarla, dicen, desconociendo que Cuba no tiene influencia, Maduro está en la cárcel, Petro no se hizo reelegir y las FARC –la far– no se tomaron el poder.

La paradoja es evidente. Muchos votarán por con la expectativa de que el país “vuelva a ser como antes”: más predecible, más jerárquico, menos contestatario. El statu quo, al fin y al cabo. No obstante, el retorno de esa tranquilidad –la de los tiempos en “que se podía trabajar en paz, a pesar del conflicto”– no está garantizado. Tampoco es probable.

El país social es hoy otro. No porque la vida material de millones haya mejorado en temas de fondo, sino porque hay quienes, por primera vez, se han sentido incluidos o nombrados. Petro –a veces desde el cálculo político, a veces desde la ideología– les ha dado visibilidad y lenguaje. Les ha hablado a sindicatos, ambientalistas, indígenas, comunidades afro, estudiantes y sectores populares que durante años sintieron que la política no los veía. Les ha dado puestos también. Han tenido cabida, incluso, muchos de quienes lideraron el estallido social que comenzó en 2019.

Ese reconocimiento simbólico no desaparece con un cambio de gobierno.

Hay sectores sociales más movilizados, más conscientes de sus derechos y más dispuestos a reaccionar si sienten que vuelven a ser ignorados. Si llega al poder una opción que solo prometa mano dura, la reacción no será el silencio. Será la movilización. No como amenaza, sino como consecuencia natural de una ciudadanía que ya se sabe capaz de ocupar la calle y disputar el relato público.

Y si eso sucede, el establecimiento que hoy se inclina por el Bukele criollo podría encontrarse con que la estabilidad que imagina no vendrá con facilidad. Gobernar sobre un país politizado, con expectativas de reconocimiento y con una ciudadanía que aprendió a protestar, exige algo más que llamados a la autoridad. Si mantiene como única propuesta el bloqueo a la izquierda, la élite que hoy se tapa la nariz frente a las formas de Abelardo, pero lo respalda en las urnas, puede terminar descubriendo, con su eventual elección, que el verdadero desafío no solo es reaccionario o estético. Es político y es social.

Lariza Pizano

Por Lariza Pizano

Politóloga de la Universidad de los Andes, académica y especialista en política colombiana.
Conoce más

 

Edgar Salamanca(40706)23 de febrero de 2026 - 07:43 p. m.
Lo comparto totalmente.
Bukaros(25772)23 de febrero de 2026 - 06:12 p. m.
Da risa de la espriella es un tipejo ramplón maquillado, de mal gusto, el pobre que vote, le pesara, porque este solo le dará bala al estilo uribe valas, nada de social, nada de ayudar a solucionar sus problemas para saciar en lo mas mínimos sus gastos económicos, de la spriella es un tipejo de malas pulgas que vive donde viven los grandes narcos en Italia nada mas y nada menos, un tipo oscuro, que defendió bandidos inmiscuidos en el narcotráfico, así que godos del estratos bajo 1, 2, 3,....
Ana María Monsalve(43854)23 de febrero de 2026 - 05:11 a. m.
“El odio a Petro pesa más que cualquier incomodidad estética o moral” y no solo en la élite del País, a Abelardo de la Espriella lo apoya gente humilde que está hastiada de las mentiras, la robadera y la falta de seguridad que ha imperado en este gobierno.
  • Bukaros(25772)23 de febrero de 2026 - 06:18 p. m.
    Meas fuera del pote, que va apoyar a la gente humilde, el no es : Nayib Bukele ha demostrado un interés significativo por los problemas sociales en El Salvador, incluyendo la necesidad de que el pueblo tenga un salario digno. Su administración ha implementado políticas que buscan mejorar la situación económica y social del país, lo que ha generado tanto elogios como críticas. A pesar de las críticas, Bukele ha mantenido una imagen de un líder comprometido con el bienestar social y económico de
German Rodriguez(31430)23 de febrero de 2026 - 12:55 a. m.
Que buena columna Lariza, la oposición debe proponer algo más que solo odio. Yo creo que son capaces, esperemos que ellos también lo crean
Julio Rendon(14134)23 de febrero de 2026 - 12:51 a. m.
Por todo lo expresado es qure debemos escoger una opción de centro, alguien que no vea en los que piensan distinto un enemigo, alguien que se enfoque en resolver los problemas, que no los ignore como lo ha hecho la derecha, ni se sienta satisfecho en el diagnóstico y en señalar culpables, como hizo este gobierno de izquierda. Depende de nosotros escoger bien esta vez y elegir a alguien que procure que a todos nos vaya mejor y no solo que le vaya mal a los enemigos.
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.