26 Nov 2021 - 5:30 a. m.

Cinco años de resistencia

Una mirada escéptica del quinto aniversario del Acuerdo de Paz podría poner el foco en la tragedia que, desde 2016, han significado los 296 reincorporados de las Farc y los cientos de defensores de derechos humanos asesinados, o en las 11 masacres que según Naciones Unidas ha habido este año.

Pero la conmemoración merece optimismo. Según el informe de Indepaz, en estos cinco años, como era previsible, se ha reducido notablemente el número de homicidios y víctimas relacionados con el conflicto armado. Las elecciones de 2018 fueron las menos violentas y estas pintan un escenario similar.

El optimismo va ligado al aguante que ha tenido el Acuerdo frente a circunstancias complejas. Ha tenido que soportar las ineficiencias previstas del Estado, estar en el corazón de la radicalización política y lidiar con un populismo irresponsable, egoísta y de derecha, obsesionado con mantener el statu quo de la guerra.

No obstante, si la derecha quiere volver a poner el Acuerdo de Paz en el centro de la disputa electoral de 2022, no le irá tan bien. Según el Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes, entre 2018 y 2020 la preocupación de los colombianos por el conflicto armado pasó del 16 al 9 %. La gente tiene otros temas en la cabeza y la paz ya se da por firmada y hecha.

Además del sentimiento ciudadano, en la vida del Acuerdo ha jugado un papel clave la resistencia institucional a desmontarlo. No había cumplido Duque seis meses en el cargo cuando ya estaba presentando las objeciones a la JEP. En ese momento, el Congreso y la Corte Constitucional —también las marchas ciudadanas— evitaron que un capricho presidencial borrara lo acordado.

Algo similar ocurrió este año, cuando Duque trató de impedir que se hicieran realidad las curules de paz para las víctimas. La Corte Constitucional las salvó, y también lo hizo Emilio Archila. Gracias a su método, a una sociedad civil comprometida y al invaluable apoyo de la comunidad internacional, el Acuerdo no se ha vuelto pedazos. Por si fuera poco, ha resistido a las dinámicas de un país mafioso y a las erradas decisiones de algunos ex-Farc radicalizados. Es evidente que son muchos más quienes hoy le apuestan en serio a la reincorporación y critican con el alma las decisiones de Márquez, Santrich, el Paisa y de otros que dejaron tirado el proceso.

Maravillosa la visita a Colombia del secretario general de Naciones Unidas para conmemorar el quinto aniversario. Otro espaldarazo a la resistencia. Con poco entusiasmo, Duque tuvo que ir a la JEP, sentarse con los magistrados, saludar a Timochenko y legitimar la justicia transicional.

En el discurso recargado de Duque, lo más claro que ha dicho frente a la paz es que esta no es de Santos ni de Timochenko. Pero tampoco es de él, ni exclusivamente de los reincorporados. Los hechos demuestran que la vida del Acuerdo también es un logro de las instituciones y de los colombianos que, con el apoyo de la comunidad internacional, incluyendo a Biden, le han inyectado una esperanzadora capacidad de sobrevivir.

Comparte: