El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Desacuerdos sobre lo fundamental

Lariza Pizano

22 de marzo de 2026 - 12:06 a. m.
“¿Qué hará Oviedo si Abelardo, que lo descalificó por homosexual atacando su identidad, suma su ultraderecha a la de Paloma?”: Lariza Pizano.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
PUBLICIDAD

Desde hace décadas, los estudios de marketing político muestran que los electores premian la coherencia. Más aún, que castigan a los políticos que cambian de posición abruptamente —los llamados flip-floppers—, aquellos que hacen giros en U frente a los temas que antes defendían. En política, cambiar puede ser legítimo, pero cuando el cambio parece oportunismo, la factura llega en forma de votos.

En Colombia abundan ejemplos de esas cuentas de cobro. El más reciente, el de Roy Barreras. A muchos electores les resultó difícil seguir el tránsito de quien defendía con fervor el uribismo en 2006, pasó a ser escudero de Petro en 2022 y en 2026 trató de clavarle el puñal a Iván Cepeda. No es el único caso. A César Gaviria tampoco le ha ayudado a su imagen haber entregado el Partido Liberal a la Derecha.

Algo parecido ocurrió al revés y con antiguos militantes de la izquierda armada como Everth Bustamante y Carlos Alonso Lucio. Ambos surgieron del M-19 pero terminaron en el uribismo. Ese tránsito les quitó capital político. Los electores no son bobos y perciben estos desplazamientos como rupturas con la propia historia: detectan la incoherencia.

El episodio de hoy es la fórmula Oviedo-Paloma. Dice el exdirector del DANE que tiene valor hacer equipo con alguien que piensa distinto. La idea suena bien. El problema es que en esta no hay acuerdos sobre lo esencial.

Oviedo ha defendido la adopción por parejas del mismo sexo; Paloma Valencia se opone. Él respalda el Acuerdo de Paz y la JEP; ella la ha calificado de fiasco. Él ha condenado los ataques desbordados de Israel contra Palestina, y ella ha insinuado que los árabes merecen su castigo. No son matices: son visiones opuestas sobre derechos, justicia transicional y política internacional.

En los diez días que llevan siendo fórmula, el candidato a vice no ha parado de dar explicaciones a algunos líderes cristianos y sectores de la colonia judía que han reaccionado con molestia ante la unión. También ante votantes de centro que votaron a Oviedo por ser una figura moderada que apoya la paz, por no negar el conflicto armado, por no seguir a ciegas a Trump, por no haber suplicado en el ubérrimo y por no ser un subalterno más de Uribe.

Read more!

A las incomodidades se suman preguntas institucionales y personales que no son menores. La Vicepresidencia existe para reemplazar al presidente si es necesario. ¿Qué ocurriría si Paloma se elige y pasa algo que impida que gobierne hasta el final? ¿Qué hará Oviedo si Abelardo, que lo descalificó por homosexual atacando su identidad, suma su ultraderecha a la de Paloma?

Las fórmulas son más que un gesto simbólico y tienen implicaciones unas veces exitosas, otras efímeras. Por eso no es claro si todos los votos de Oviedo migrarán automáticamente hacia la candidata del Centro Democrático. Es cierto que su presencia aporta frescura a la campaña de una derecha oscura y avejentada, pero muchos electores evaluarán el costo de una decisión que perciben como incoherente. Incluso algunos de sus propios asesores —varios del centro político— habrían preferido que mantuviera la independencia. Creen, con razón, que la coherencia importa y también las formas.

Por Lariza Pizano

Politóloga de la Universidad de los Andes, académica y especialista en política colombiana.
Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.