Las dos encuestas de campaña publicadas esta semana coinciden en que los candidatos de centro, aunque sonaron a comienzos de la contienda, no logran entrar en ella. Con el paso de los meses, Sergio Fajardo y Claudia López han ido quedando por fuera de la conversación.
En Invamer, la fotografía es clara: Iván Cepeda lidera con 44,7 %, seguido por Abelardo de la Espriella con 22,9 % y Paloma Valencia con 21,2 %, mientras que Claudia López cae a 5,5 % y Sergio Fajardo a 4,2 %. Ni siquiera sumándolos, ellos dos alcanzan a cualquiera de los favoritos. Y hay varias razones que lo explican.
La primera, que, aunque en Colombia decirse de centro es cómodo y políticamente correcto, la gente vota por pasiones, más que por propuestas de acuerdos racionales. En contextos de radicalización, la moderación no moviliza. Y eso ya había quedado demostrado en 2022, con el fracaso rotundo de la Coalición de la Esperanza.
La segunda razón es que desde 2011, cuando Uribe calificó a Santos de traidor por buscar el Acuerdo de Paz, el país se divide en antagonismos. Hasta 2022 esa división fue entre uribismo y antiuribismo, y este año pasó a ser entre petrismo y antipetrismo. La encuesta de Invamer confirma que el electorado se divide casi en mitades, entre los gobiernistas (48,7 %) y la oposición (47,8 %).
La tercera tesis es que el centro tiene un problema narrativo. Sus líderes no han logrado construir una identidad clara. Claudia López y Sergio Fajardo han transitado entre alianzas, distancias y matices que, en teoría, buscan amplitud, pero generan desconfianza. Del peñalosismo a la izquierda, de la izquierda al antipetrismo en el caso de López. De la soledad al Mira, el Moir y al Nuevo Liberalismo, en el caso de Fajardo. Claudia fue candidata a vice de Sergio y ahora ambos no se aguantan y han roto su tono. Frente a Cepeda, Fajardo señala que “le llenan las plazas” y Claudia dice que “se va a quedar solo con su bobada”. Ofenden así a una izquierda apasionada y que se estrena en democracia. No son conciliadores, como dicta la política centrista, y sus bandazos les restan.
La pérdida de valor electoral del centro parece ser tal que Valencia, que venía consolidándose como favorita, hoy aparece en Invamer por debajo de Abelardo (21,2 % vs. 22,9 %). Es probable que el “periodicazo” haya diluido el perfil de la candidata entre la derecha y que por eso en los últimos días ella haya intentado volver al mensaje uribista de “trabajar, trabajar y trabajar”. Al decir también que Uribe será su ministro, pareciera estar reanclando su campaña en identidad, más que en amplitud.
Finalmente, ante el cansancio de la política la gente quiere emociones expresadas en tonos altos, no en matices. La confrontación de Cepeda y Uribe, visibilizada en meses de juicio, se traslada a las urnas.
En un país que se reconoce a sí mismo como moderado, la irrelevancia castiga a quienes dicen serlo. La elección está definida y el entusiasmo inicial por López y Fajardo se pierde entre quienes atacan y quienes defienden al presidente. El centro se fue a pique a los ojos de ciudadanos y estrategas. Solo quedan cuatro semanas.