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Encuestas sin certezas

Lariza Pizano

25 de enero de 2026 - 12:06 a. m.
“Preguntar hoy por intención de voto es medir preferencias sobre un menú que todavía no está definido”: Lariza Pizano.
Foto: Registraduria

A estas alturas del calendario electoral, es imposible que las encuestas respondan la pregunta que obsesiona al país político: quién va a ganar. Hoy, incluso las encuestas que sí miden intención de voto ofrecen más señales de fragmentación e indefinición que certezas reales sobre un desenlace.

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Los datos lo muestran con claridad. La encuesta de GAD3 para RCN, realizada entre el 13 y el 15 de enero, encontró que cerca del 30 % de los consultados responde “no sabe” o “ninguno” cuando se les pregunta por quién votarían si la elección presidencial fuera mañana. Esa cifra, por sí sola, indica que una parte sustancial del electorado aún no ha tomado una decisión.

Con otro enfoque metodológico, AtlasIntel, con una muestra mucho más amplia y pocos días de diferencia en el trabajo de campo, llega a conclusiones que también demuestran desconocimiento o dudas. En sus escenarios de primera vuelta, el voto en blanco, nulo o la indecisión superan el 13 %, incluso cuando se reduce el número de candidatos. La mayor precisión estadística no compensa la falta de definiciones políticas.

Los detalles del proceso electoral solo son conocidos por los políticos, las clientelas y un pequeño grupo informado. Las mayorías o no están sintonizadas con las elecciones, o están confundidas en torno a cómo, cuándo y dónde. Y a eso se suman fenómenos como el de la espiral del silencio, un concepto acuñado en la comunicación pública según el cual, en contextos de polarización, las personas tienden a ocultar su posición por miedo al rechazo.

Este escenario se relaciona con un desorden político inédito. Nunca había existido un número tan alto de precandidatos activos ni un calendario tan cargado de consultas interpartidistas aún sin resolver. En ese contexto, preguntar hoy por intención de voto es medir preferencias sobre un menú que todavía no está definido.

La crisis de las identidades partidarias profundiza el enredo. Desde hace años, los partidos dejaron de ser referentes claros para amplios sectores del electorado. Con el jefe Liberal del lado del uribismo, y la candidata del Centro Democrático participando en una consulta con miembros del Santismo, las fronteras políticas son difusas. No es extraño, entonces, que una proporción significativa de ciudadanos tenga dudas e incertidumbre que se traducen en indecisión.

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Por ahora, solo la izquierda parece mostrar un mayor grado de orden, con una consulta más clara y una narrativa de continuidad frente al gobierno Petro. El centro sigue atrapado en un mundo difuso, y la derecha enfrenta el dilema de cómo reaccionar ante la irrupción de un outsider como De la Espriella, que descoloca a las élites políticas y al establecimiento tradicional.

Tomar hoy las encuestas como pronósticos es un error. Su verdadero valor está en mostrar niveles de fragmentación, indecisión y debilidad estructural de las candidaturas, no en anticipar ganadores. Cuando las consultas definan nombres y se reduzca la baraja, las mediciones empezarán a parecerse más a una decisión real. Por ahora, las encuestas confirman que la dinámica de esta elección es entre el petrismo y el antipetrismo, que el uribismo se desdibuja como fuerza aglutinadora y que las mayorías aún no se han decidido.

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Por Lariza Pizano

Politóloga de la Universidad de los Andes, académica y especialista en política colombiana.
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