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Lazos familiares

Lariza Pizano

11 de marzo de 2023 - 09:05 p. m.

El presidente Petro no es el único que asegura, como lo dijo en Instagram, que estos días lo han hecho feliz. La derecha también está contenta.

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A él lo alegra entregar tierras a familias campesinas, estar con los pescadores artesanales, hablar en San Andrés de la Reforma Pensional y ver a su mamá. “Eso me hizo feliz”, dice. Entre tanto, los diez millones y medio de votantes de Rodolfo Hernández hablan con placer de la desgracia colectiva que representan los escándalos de la familia presidencial. “Se los dijimos”, insisten.

Sus caras contrastan con las de muchos de sus electores. A pesar de la malograda campaña dirigida desde Palacio #TocanAPetroNosTocanATodos, el ruido que generan la presencia de los ‘turbios españoles’—como los llamó La Silla Vacía—, el tal vez insaciable poder burocrático de Verónica Alcocer y las denuncias en torno a la plata que habrían recibido por diferentes razones el hijo y el hermano presidencial, tienen a la izquierda preocupada. Después de haber sido estigmatizada durante todo el siglo XX, de ser perseguida, de ser anulada por los de siempre, de ser deslegitimada por el deterioro de las guerrillas, de quejarse por perpetuidad de las prácticas mafiosas del establecimiento, y de ganarle a narrativa uribista de que con un progresista en la presidencia esto se volvería como Venezuela, la gente del Polo, de la UP, de la Alianza Verde y de los movimientos alternativos –la izquierda, en general— sabe que repetir la celebración de 2022 dependerá de cómo le vaya a Petro.

Si bien el gobierno de un presidente va más allá de su familia, sus lazos familiares generan conversaciones en todos los lugares. No hay taxista, periodista o parlamentario que no sepa quienes son Days Vásquez y Nicolás Petro.

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Desde la comunicación, el discurso del cambio que siempre ha usado Petro es útil para ganar elecciones. No obstante, entre mayor haya sido la promesa de cambio en una campaña, más difícil es mantener la imagen de un gobierno. Con tanta tragedia encima, vivir sabroso es una promesa difícil de cumplir. Entonces el escepticismo se fortalece con el voz a voz y las noticias que recuerdan que Nicolás es igual a todos los delfines; que hay españoles llegan al tercer mundo a hacer negocios y que el gusto de la primera dama por la repartija burocrática es tan grotesco, o más, que el uso que le daba la anterior al avión presidencial al llevar a sus hijos a fiestas infantiles.

El presidente es inteligente y ante las advertencias de corrupción sabe reaccionar. Cuando era alcalde mandó investigar a su mismo hijo Nicolás después de que le llegaron rumores de que estaba incidiendo en la contratación del Distrito. Ahora hizo lo mismo tratando de darle curso a los ruidos que amenazan la esencia de su discurso.

“La cordura en política significa luchar contra la corrupción”, dijo en 2018. Ahora su cordura será entender que la gente está cansada de los delfines y de las ‘primeras damas’ y de los hermanos cónsules, viajeros y negociantes. Y comprender, además, que el futuro de la izquierda democrática depende de cómo solucione sus crisis de reputación. Con el uribismo menguado, hay riesgos políticos para él que ahora están en su casa.

Por Lariza Pizano

Politóloga de la Universidad de los Andes, académica y especialista en política colombiana.
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