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Límites

Lariza Pizano

10 de diciembre de 2021 - 12:10 a. m.

Cuando los políticos buscan justificar alianzas dicen que no resisten sectarismos. Hace unos días Alejandro Gaviria decía que su proyecto no estaba basado en vetos y por eso no iba a dejar tirado al Partido Liberal ni a César Gaviria. Por suerte, su aceptación de ir al cónclave de centro hizo estallar la ira del dirigente liberal y rompió esa alianza, frente a la que se han debido poner límites previos. Porque en 2018, después de haber tenido a De la Calle como candidato y haber liderado la campaña del sí, César decidió entregarle el partido a Duque. Argumentó que esa era la manera de cuidar la paz y calificó al recién elegido presidente de moderado. “Él tiene mucho ánimo de hacer un gobierno bastante amplio”, le dijo a Claudia Palacios.

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Buena parte de los liberales se acomodaron rápido y lo de “sumarse a Duque para proteger la paz” nunca funcionó: el presidente ni siquiera se había quitado la banda presidencial cuando radicó las objeciones al funcionamiento de la JEP. A última hora, la aparición de Mockus en el recinto y una decisión interna de Cambio Radical definieron la mayoría por el no y se hundió el proyecto.

Ahora, sin Alejandro, César Gaviria no descarta nada ni a nadie: ni a Petro, ni a Char, ni a Peñalosa ni a Dilian. Lo único que pide es que su candidato “no sea como el doctor Iván Duque, no, no, no”, según dice a Semana. Como tampoco parece descartar nada Petro, quien asegura que “las líneas rojas solo llevan al sectarismo”, mientras insiste en que el suyo es un proyecto diverso.

Pero las líneas rojas sí importan. Si quieren cumplir con su función de ser el eje de la representación política, los partidos y los políticos deben proyectar qué son y, sobre todo, qué no son.

La ausencia de identidades claras, funcional para el Frente Nacional, ya no funciona. Si algo dejó de bueno que Uribe pasara a la oposición en 2011 es que las fuerzas políticas asumieron posiciones. El grado de defensa del Acuerdo de Paz se convirtió en un criterio para orientar a los electores.

Fue sobre todo la derecha la que salió del clóset. Y aunque eso implicó enormes costos institucionales, la claridad hoy existe. Las posturas ideológicas de la derecha, la izquierda y el centro son hoy diferenciables. Ese es un avance democrático.

Porque si bien en la política hay matices, no todo cabe en ellos. Para el centro, deben imponerse líneas rojas ante la histeria, el caudillismo, el autoritarismo. Y para el centro y la izquierda, los límites deben estar determinados por el respeto a la Constitución de 1991, la defensa del Acuerdo de Paz, el impulso al Estado social de derecho, el compromiso con la inclusión, la defensa de lo público, el respaldo a las minorías y el desarrollo de una política exterior cooperativa y civilista.

Después del Gobierno de Duque, el país necesita candidatos que ofrezcan un criterio propio. Es lo mínimo que merecen los electores, independientemente de su lugar en el espectro político. Incluso con la consideración de que le haya caído una pandemia encima, el Gobierno de Duque fue el gobierno de la nada.

Hacen bien quienes marcan líneas rojas. Esconder alianzas politiqueras en la falta de vetos es una especie de tibieza.

Por Lariza Pizano

Politóloga de la Universidad de los Andes, académica y especialista en política colombiana.
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