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Recuperar la calle

Lariza Pizano

13 de mayo de 2021 - 10:00 p. m.

Desde antes de la pandemia lo público ya venía maltrecho. Los elevados índices de radicalización política de uno de los extremos ya se habían reflejado en Colombia en una disminución del porcentaje de gente que cree que la democracia es el mejor régimen político. El odio infundado desde el plebiscito se sumó al desespero objetivo de no percibir futuro. Según el Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes, desde 2018 se vino a pique la satisfacción con la democracia. En el país, esta pasó del 29 % al 19 %.

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Al fenómeno universal de desplome de las preferencias democráticas se sumaron los eufemismos nacionales. Que le hablen a la gente de solidaridad sostenible cuando abunda la pobreza. Que se refieran a la paz con legalidad cuando una vez a la semana se mata a un excombatiente. Que confundan una explosión social con una simple suma de bloqueos. Toda una olla de presión que no se puede tramitar por Zoom.

Es en la calle donde los ciudadanos se encuentran, donde valoran las diferencias, donde hallan problemas comunes que requieren soluciones comunes. Porque a la gente la convocan las causas: arreglar un andén, oponerse a la tala, bajarles a las matrículas, mejorar la educación. De ahí la importancia de fortalecer el espacio público, el físico y el inmaterial. Tras esta pandemia, desde el urbanismo se deben recuperar los andenes, mejorar las calles, dotar los parques, hacer plazas que inviten a la participación social. No hay cacerolazo efectivo en Twitter.

“Cada vez hay más gente a la que la sociedad le importa poco”, ha dicho en una entrevista John Sudarsky, experto en capital social. Porque la institucionalidad no los cubre, no los convoca. Para que vuelva a hacerlo, la gente debe poder participar en las decisiones de su barrio, de su localidad, de su vida colectiva. Los procesos de ordenamiento territorial son una buena oportunidad para ello.

La belleza urbana también debe ser una invitación a deliberar. La ciudadanía se ejerce en los andenes, en los espacios para participar, construir, expresar. En el mundo digital se acumulan ausencias.

Como lo saben los urbanistas, es en la calle donde se encuentran los diferentes, se construye una confianza social —hoy deteriorada por la pobreza— y las invitaciones electorales para que la gente salga a votar. Espacios públicos embellecidos por el verde y abiertos a la participación pueden ayudar a reconstruir las expectativas de que los otros tendrán un comportamiento honesto. Porque las cifras de desconfianza son bárbaras: según encuestas realizadas por la Alcaldía de Bogotá y citadas por el Observatorio de la Democracia, mientras en marzo de 2020 cerca del 30 % de los habitantes de la ciudad confiaban en los otros, para el 10 de mayo de ese mismo año apenas el 12 % de los ciudadanos aseguraron confiar en los demás.

Cuando todo esto pase, embellecer la calle y recuperar lo público será una tarea fundamental.

Por Lariza Pizano

Politóloga de la Universidad de los Andes, académica y especialista en política colombiana.
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