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Los pactos de caballeros no son ideales, pero a veces son imprescindibles para cuidar los mínimos formales y evitar daños peores en el corto plazo. El mal menor. En últimas, eso fue lo que logró el acuerdo entre partidos para abandonar la idea de recontar los votos del 13 de marzo. Si estos se hubieran sacado de las cajas para contar de nuevo, las desgracias habrían sido aún peores.
Es importante que este pacto sea transitorio y que, aunque haya apagado un incendio, no sea funcional para mantener un sistema electoral debilitado en el largo plazo. Ahora la Registraduría debe dar los resultados reales del 13 de marzo y aclarar todas las suspicacias que se han presentado sobre procesos y formularios. La incertidumbre en un contexto de radicalización sumada a la falta de credibilidad en las reglas de juego es una combinación terrible de cara a la elección presidencial.
Pero, frente a lo sucedido, una cosa es que esa entidad esté siendo cuestionada y otra creer que Maduro maneja a Alexánder Vega para favorecer a Gustavo Petro. En su obsesión con no ceder un milímetro de poder, a esa imagen trató de reducir el Centro Democrático lo sucedido.
Por suerte, la práctica de crear un caos como el venezolano para después justificar decisiones políticas esta vez no funcionó. La posición del jefe del Centro Democrático fue vencida y los liberales, los conservadores, los verdes, los del Polo, los de Cambio Radical, los cristianos y los de la U le dijeron que no, que si todo el sistema electoral se va a la porra, también todos. Hasta Duque, con sensatez, se opuso al reconteo.
Ningún político profesional y ningún ciudadano informado cree que las amenazas al sistema electoral sean las responsables del crecimiento del petrismo, del populismo, de la radicalización o del declive uribista. Insinuarlo así es negar que —más allá de la tragedia infinita de la pandemia— este Gobierno ha sido malo y que eso se tradujo en las urnas. El voto sirve para premiar y reconocer, pero también para castigar. Echarles la culpa de la composición de las curules al entorno, a Iván Cepeda, a los rusos, a los venezolanos o a los que han marchado en las calles ya no pega.
“Algunos están usando la crisis para desestabilizar al Gobierno y ganar la elección en 2022”, dijo Duque en una autoentrevista que publicó en inglés y en la mitad del paro nacional. En su negación permanente no se dio cuenta de que su imagen se venía a pique no por lo que dijera la oposición, sino porque en medio de la peor crisis social su respuesta se limitó a disfrazarse de policía. Inventar vándalos para justificar el toque de queda… para evitar volvernos como Venezuela, no terminó ayudando nada.
Con la radicalización a flor de piel, es más importante hoy que nunca que la Registraduría recupere algo de su credibilidad histórica. Debe enderezar el camino, construir y proyectar transparencia en la elección presidencial, apostándole a la idea de que la democracia se basa en la certidumbre de los resultados. Ante la obsesión de los extremistas por no perder, es posible que el pacto de caballeros de esta semana no se vea dos veces.
