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Tan cerca, tan lejos

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Lariza Pizano
28 de junio de 2026 - 05:06 a. m.
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Durante años las preferencias políticas de Colombia se leyeron casi exclusivamente por regiones: Antioquia como custodio conservador; el Caribe como territorio liberal; el Oriente como entorno godo; el sur como geografía rebelde, Bogotá y Cali como ciudades contestatarias. Algo de eso sigue ahí, pero ya no basta para explicar el mapa político del país.

El 21 de junio mostró una fractura más profunda. La división dejó de ser territorial para convertirse en social, económica y cultural. Los resentimientos acumulados y las narrativas del miedo al coco de Cuba, al de Venezuela o al rayo homosexualizador, terminaron inyectándole aún más clasismo a una democracia que ha convivido con una de las mayores desigualdades del continente.

El mapa electoral de ciudades como Bogotá y Barranquilla fue revelador. El norte y el sur votaron de manera radicalmente distinta. Separados por un muro invisible, los sectores de mayores ingresos respaldaron a De la Espriella, mientras los populares votaron por Cepeda. Más que una disputa entre derecha e izquierda, fue una expresión de clase: ricos y pobres, privilegio y deuda social, tan cerca físicamente y tan lejos políticamente.

La derecha ha contribuido a esa fractura con una narrativa que menosprecia la ciudadanía de los pobres. La teoría ahora inventada del “voto fusil” es el mejor ejemplo. Según ella, en municipios con más desgracias los ciudadanos no votaron con criterio propio sino exclusivamente bajo coacción. Esa explicación es profundamente clasista: niega que existan comunidades capaces de decidir autónomamente, con memoria política y convicciones propias.

Pero la izquierda también ha alimentado la intolerancia entre clases. El discurso petrista exageró en la narrativa de sospecha permanente hacia empresarios, industriales, comerciantes y capitalistas. Como si la empresa privada fuera incompatible con el desarrollo, y como si un interlocutor posible no fueran las clases medias, el presidente radicalizó y le hizo el quite a consolidar un discurso progresista.

Las narrativas políticas no solo son consecuencia del clasismo: también lo alimentan. La derecha mira hacia abajo con desconfianza; la izquierda mira hacia arriba con piedra. Una niega la exclusión y el criterio de los pobres; la otra les quita legitimidad moral a quienes generan empresa. Y todo eso mientras el centro pasa de agache frente a los relatos autoritarios para quedar bien con el establecimiento.

No está mal ser de izquierda o de derecha: está bien que haya visiones que compitan en democracia. Lo preocupante es que esa disputa termine siendo legitimada por las inequidades. En Bogotá, De la Espriella arrasó en localidades de mayores ingresos como Usaquén, Chapinero y Teusaquillo, mientras Cepeda ganó en Ciudad Bolívar, Usme y Bosa. El norte y el sur. Los ricos y los pobres. Tan lejos, tan cerca.

En un país que no se cuestiona tener uno de los índices de desigualdad más altos, la política terminó organizando la rabia por estratos. En ello, las narrativas políticas y los estrategas han sido efectivos pero irresponsables: en lugar de cerrar brechas las han convertido en justificaciones electorales, en desprecios, en identidades.

Lariza Pizano

Por Lariza Pizano

Politóloga de la Universidad de los Andes, académica y especialista en política colombiana.
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Felipe(dw15k)29 de junio de 2026 - 05:36 a. m.
Que cada orilla tenga narrativas no las hace legítimas. La derecha llega al poder con una densa lista de falsedades que sostendrán 4 años ante la perspectiva de perderlo de nuevo. La narrativa de la izquierda no le pertenece a un solo sujeto, por eso importaba el discurso del candidato, mucho más moderado, poco emocional y ensimismado, pero la derecha y los medios, unos con mentiras y los otros moldeadores de opinión y que suelen lavarse las manos, le endosaron el voto castigo.
Amaranto De Jesús Daniels Puello(v8lb8)29 de junio de 2026 - 12:48 a. m.
Muy buena columna. Con todo respeto recuerdo una frase del distinguido académica Victor Moncayo ( Q. E. P.D) al entregar la relatoria sobre los Diálogos de La Habana, de los investigadores invitados por Santos y las Farc: El problema del capitalismo en Colombia es el tipo de Capitalismo construido, al.examinar su relación con la violencia a lo largo historia nuestra.
Hernán Patiño Arias(49621)28 de junio de 2026 - 11:00 p. m.
Muy bien. Pero ahora no gobernará la derecha, gobernará la extrema derecha que es otra cosa, y muy grave.
GONZALO CARREÑO R.(02bph)28 de junio de 2026 - 07:11 p. m.
😢✅😢
Lalo Parrarro(70277)28 de junio de 2026 - 06:42 p. m.
Buena ideóloga del capitalismo, de un empresariado al que cree bueno y humanitario. Falso. El único y exlusivo interés del empesario es la ganancia. Si hay que echar gente para ganar más, no importa. Si hay que buscar que se le reduzcan los impuestos, pues bien.
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