El año pasado, 547.000 personas salieron de Colombia para no volver en el mismo lapso. Ese es un número cercano a los 569.311 nacimientos que hubo en el país. Sin embargo, ambas cifras caminan en tendencias opuestas. Mientras la del éxodo es 2,7 veces mayor que la de 2012, la de los nacimientos es la más baja desde hace ocho años. Cada vez más colombianos se van a otro lugar y cada vez nacen menos.
Hay razones para explicar que esto suceda. La crisis económica que generó la pandemia pudo motivar la huida y una reflexión existencial sobre el futuro pudo haber llevado a muchos a no tener hijos. Al menos no en Colombia.
Sobre los nacimientos, hay noticias relacionadas con la reducción de la cifra. La primera puede tener que ver con la disminución del embarazo infantil, el cual cayó más del 20 % en 2022 frente a 2021. Eso se puede deber a que la despenalización del aborto hasta la semana 24 cumplió ya un año, al regreso a la presencialidad escolar y a que la prevención puede estar funcionando.
La segunda noticia se refiere a la disminución de los nacimientos de madres venezolanas, cuya participación en el total bajó del 10,9 al 8,2 % en 2022. Sin embargo, las reducciones mencionadas son solo un porcentaje del 7,7 % de la caída de nacimientos frente a 2021.
Es simplista culpar a Petro de que la gente se vaya, ya que el saldo de colombianos que se va y no vuelve el mismo año viene en aumento desde hace una década. De igual manera, los nacimientos vienen cayendo drásticamente hace ocho años. En 2022 nacieron 99.826 colombianos menos que en 2014.
En otros países, como Argentina, pasa algo similar. Se van más personas de las que llegan cada año y los nacimientos disminuyen por cuenta de la sensación de no futuro. Pero el hecho de que en Colombia esta tendencia hubiera comenzado mucho antes de que se previera esta crisis denota que la política también es determinante de las cifras.
El Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes ha evidenciado, a partir de encuestas del Latinobarómetro, que las percepciones de que el país va mal están ligadas a la radicalización política. Se agudizaron en 2011, cuando Santos fue catalogado de traidor por promover un acuerdo de paz. La imagen catastrofista proyectada por la oposición y basada en Venezuela dejó a miles con temores en la cabeza.
Más allá de los presidentes, la política sí juega un papel en el comportamiento de las cifras del éxodo y la reducción de nacimientos. La gente no se va solo por la inflación —países con más carestía expulsan menos gente—, sino por la desesperanza. A las guerras repetidas, la falta de soluciones a largo plazo y la decadencia en los liderazgos se suman la pobreza y las injusticias. La política como promesa colectiva también es necesaria para que la gente quiera un lugar para nacer y vivir.
P. D. Telésforo Pedraza fue un conservador sorprendente y moderno. Se opuso al referendo contra la adopción por parte de parejas del mismo sexo, respaldó el matrimonio gay y solo él en su partido se opuso a la reelección presidencial. Me hará mucha falta para entender la política.