El Museo Nacional de la Memoria debería ser símbolo de reparación de las víctimas del conflicto armado, pero es referente de las agresiones que representan los egos, la negligencia y el olvido. Aunque su construcción comenzó en 2020 y su inauguración estaba proyectada para 2022, hoy está en riesgo de convertirse en un elefante blanco.
Tras las polisombras que rodean el edificio, cuya obra está abandonada hace meses, hay un aviso decadente que señala que en ese lugar —en la 34 con 26, al lado del Concejo de Bogotá— “se construye territorio”, pero se construye sobre los cimientos de la polarización y del descuido.
La idea de hacer...

Por Lariza Pizano
Politóloga de la Universidad de los Andes, académica y especialista en política colombiana.
Conoce más