Que este año de campaña haya alguna certeza urbanística en Bogotá, al menos una, como la de un futuro para la séptima, sería un milagro.
Porque la séptima, a pesar de que esté grafiteada, sucia y trancada, sigue siendo referente de la ciudad. “La joya de la corona”, la llaman quienes cada cuatro años quieren hacer con ella lo que les da la gana: poner buses, quitar buses, poner tranvías, forzar un metro, todo argumentado en cientos de estudios que han costado un ojo y se han botado a la caneca.
El drama de las indecisiones recientes comenzó al final de la administración de Lucho Garzón, cuando tras los respectivos estudios de...

Por Lariza Pizano
Politóloga de la Universidad de los Andes, académica y especialista en política colombiana.
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