Un asunto del que nos ha querido convencer la campaña de ultraderecha de Abelardo de la Espriella es que, si el petrismo gana con Iván Cepeda, en Colombia podemos perder la libertad. Al tiempo, si algo nos ha dejado claro el autodenominado tigre es que con él efectivamente esta se acabaría; al menos, la libertad fundamental de expresarse. Al abogado trumpista, con varias sombras encima, no le gusta tampoco que lo incomoden o critiquen. Los cientos de denuncias que ha interpuesto en contra de periodistas hasta por decirle “filipichín”, así casi nunca gane, lo evidencian. No es el único botón de la muestra. Esta semana, la periodista Camila Zuluaga contó que el candidato la vetó y que, en su cara, durante un encuentro casual, le ordenó al equipo de prensa de la candidatura no contestar solicitudes de entrevista a Zuluaga o a su programa en Blu Radio, porque anticipa que allí lo van a calificar de misógino. Poco antes, el también periodista Ricardo González Duque había hecho público un intento de intimidación y silenciamiento por parte de De la Espriella, quien, a través de su oficina de abogados, le exigió eliminar un video en el que González detalla varias de las conocidas opacidades en la historia del tigre, como sus fotos con el narco Boliche o la relación con algunos de sus clientes criminales.
El “Papucho” —como lo conocen en su cordobesa tierra de ascendencia— dice que Iván Cepeda tiene un talante autoritario y que el presidente Petro fustiga a la oposición, pero a él mismo no le gusta que lo analicen, le hagan escrutinio o se le opongan. Una de sus primeras promesas de campaña fue, cómo olvidarlo, “destripar” a su orilla contraria.
Y como tener que tolerar que las contradicciones se digan en voz alta viene incluido en cualquier aspiración presidencial, hay que decir que no es la única incoherencia de un tigre que no es como se pinta. También ocurre con sus apoyos. Mientras De la Espriella posa de outsider y cruzado moral en contra de la vieja política, en Barranquilla le hacen campaña las principales fichas del charismo, la poderosa y cuestionada maquinaria Caribe que compra votos, se reparte la contratación pública entre amigos y representa lo más rancio del sistema clientelista.
Esta semana ocurrió un hecho que dejó al descubierto el carácter vergonzante de ese respaldo. Portales locales y creadores de contenido, algunos destacados por replicar lo que a los Char les interesa que se diga, anunciaron con bombos y platillos que un alfil importante del grupo había renunciado a su puesto en la alcaldía que controlan para salir a hacerle campaña a Abelardo de la Espriella en nombre de la casa Char. El personaje se llama Fernando Fiorillo y es conocido por haber sido contralor distrital de bolsillo de los Char, y por su capacidad para hacer campaña sucia en los barrios. Por ejemplo, en 2015, cuando los Char se aliaron con Eduardo Verano para llevarlo a la Gobernación, Fiorillo lideró una tropa de muchachos que salía en una camioneta tipo van a romper la publicidad del candidato contrario.
Después del anuncio de la adhesión al tigre, Fiorillo publicó en sus historias de redes sociales un video en el que es presentado como “amigo personal” y nuevo “mentor” de la campaña de De la Espriella, ante unos muchachos “listos para la guerra”. Además, compartió una pieza convocando a un encuentro ayer sábado para Abelardo de la Espriella por invitación de “don Fuad Char Abdala” (ver video y foto).
El miércoles, cuando vi esas piezas, le escribí a Fiorillo para pedirle una entrevista. Media hora después, me contestó su asesor de comunicaciones diciéndome que ya estaba haciendo la consulta al equipo de comunicaciones de la campaña de Abelardo de la Espriella para poder concedérmela. Rato más tarde salió un comunicado oficial de De la Espriella negando que Fiorillo hiciera parte de la estructura, dirección u operación de su proyecto electoral. Fiorillo no me volvió a contestar. Luego de eso, el evento de Fuad Char del sábado fue cancelado. Según uno de los portales que replica lo que a los Char les interesa que se diga, el patriarca del clan habría quedado “profundamente disgustado” por unos aliados que los reúnen en privado, pero los ningunean en público. Todo hay que decirlo.