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Roy Barreras es el profesor de los mejores maestros de la política tradicional, entendida como el intercambio de favores y puñaladas. Cuando era vargasllerista y llegó por primera vez al Congreso, rápidamente se convirtió en informante del gobierno uribista, al que le llevaba datos de las movidas internas de Cambio Radical y del propio Germán Vargas Lleras, quien se oponía a la reelección de Uribe.
Al uribismo lo traicionó con Santos. Pero cuando Iván Duque ganó, Roy llegó a mandarle razón al nuevo presidente uribista ofreciéndole sus capacidades para armar una coalición gobiernista en el Legislativo. La oferta no se concretó, Barreras se quedó en la oposición y terminó aterrizando en el progresismo con Gustavo Petro. Aunque, en su recorrido, acumule medallas tan antiprogresistas como haber sido el principal hacedor de la reelección del procurador antiderechos que quemaba libros en su juventud: Alejandro Ordóñez.
La lección de Roy Barreras se llama ahora: cómo pasar del uno por ciento en las encuestas a hacerse contar con votos garantizados para volverse un presidenciable con poder de negociación. Me refiero, por supuesto, a la oportunidad que tendrá el exembajador de medirse con todas las ventajas en la consulta presidencial de la izquierda el próximo 8 de marzo.
Con el senador Iván Cepeda —puntero en las encuestas— por fuera de esa medición debido a una decisión del CNE, Barreras competirá en la consulta con desconocidas candidaturas que marcan menos que la suya, y con el cuestionado exalcalde de Medellín, Daniel Quintero, llamado a juicio por corrupción y cuyo intento de dejar heredero en la Alcaldía fue rechazado por sus coterráneos.
Con el camino abonado para lograr un número de apoyos que lo conviertan en opción viable, o al menos le den peso para sentarse a ejercer el arte del convenio y los pactos que tanto domina, a Roy sólo le faltan los votos. Atenidos a las encuestas, los de la izquierda los tiene Iván Cepeda.
Roy, en cambio, tiene otra cosa. Su secretico, que en realidad no es ninguno: las maquinarias. La vieja confiable que él mismo ayudó a montar hace cuatro años para empujar a Petro en el tramo final que lo llevó al triunfo.
Y en ese contexto hay un detalle nada menor: Roy Barreras no sólo es precandidato. También presentó lista propia al Senado con nombres entre los que se encuentran estructuras como la del corrupto exsenador Musa Besaile (su esposa, Milena Flórez, es candidata) y la del cuestionado exalcalde de Neiva, Gorky Muñoz (destituido e inhabilitado por irregularidades en la contratación).
A eso se suman respaldos de estructuras menos conocidas a nivel nacional, como la de los Macea en Sucre, que en noviembre pasado le organizaron un evento multitudinario con tarima en Sincelejo; y la de Giovanni Meza, político de Magangué, conocido en Bolívar por haber sido una de las fichas más cercanas de la criminal Enilce López, “La Gata”. Y faltan.
Como lo sabe bien Germán Vargas Lleras, que las tuvo casi todas en 2018 y aun así perdió, aunque pueden ayudar, las maquinarias no ponen presidente. Su negocio real es el Congreso. En las legislativas se concentra la fuerza operativa y los recursos para mover votos amarrados, porque son esas curules las que garantizan puestos e influencia para seguir eligiéndose y reeligiéndose. A las presidenciales, las maquinarias suelen llegar sin plata, me han explicado varias veces los caciques que las dirigen. Por eso, es especialmente clave que las consultas interpartidistas se lleven a cabo en la misma jornada en la que la máquina está encendida con buses, líderes, refrigerios y billete.
“Ni con todos los políticos de América Latina tiene opción Roy”, me dijo un congresista al que consulté para esta columna. Como sea, el también escritor y poeta sigue dando cátedra sobre cómo se construye poder en Colombia.
