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Daniel Coronell y su mayor halago

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Laura Camila Arévalo Domínguez, El país de Margot
26 de febrero de 2026 - 01:40 p. m.
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La ceremonia en la que a Daniel Coronell le entregaron su primer premio de periodismo incluía una cena. Su silla estaba junto a la de Antonio Caballero, un periodista a quien, para entonces, Coronell ya conocía bien.

Más allá del saludo, la despedida y algún cruce de palabras casual —o quizá forzado—, no hubo mayor interacción entre ellos. Coronell pensó que el mutismo de su colega se debía a él. La ansiedad social propia de esos eventos lo llevó a creer que, seguramente, él era la causa de ese hermetismo. Con esa duda se quedó durante años, hasta que entendió que Caballero era así: tímido, más bien huraño, silencioso.

Mucho tiempo después, ambos coincidieron como columnistas de Semana. Un día se encontraron en la sede de Noticias Uno. Al salir, Coronell se dio cuenta de que Caballero no tenía carro y que iba a tomar un taxi.

—Antonio, ¿para dónde va?

—Para Semana.

—Yo lo llevo.

Caballero se subió al carro y, durante todo el trayecto, mantuvo la mirada fija en la ventana. No habló. Al bajarse, le dio las gracias. Si se sumaran los minutos de conversación entre ellos, no alcanzarían los quince, cuenta ahora el columnista de Los Danieles. Años después volvieron a coincidir en un almuerzo. Entonces Caballero le dijo: “Leí su columna sobre los gases lacrimógenos”. Coronell solo respondió: gracias.

Coronell acaba de recibir el Premio Guillermo Cano al Mérito Periodístico. Se lo entregaron en los CPB: es la mayor distinción que concede esa organización. Estos reconocimientos suelen invitar a los balances. El suyo es este: que aquel comentario escueto de Caballero —uno de los colegas que más ha admirado y uno de los escritores que más ha consultado— ha sido, hasta hoy, el mayor halago de toda su carrera.

Laura Camila Arévalo Domínguez, El país de Margot

Por Laura Camila Arévalo Domínguez, El país de Margot

Periodista en el Magazín Cultural de El Espectador desde 2018 y editora de la sección desde 2023. Autora de "El refugio de los tocados", el pódcast de literatura de este periódico.
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Como si Coronell fuera la gran cosa. La última que hizo fue pelear con un WhatsApp de respuestas automáticas. Risible.
Carlosé Mejía(19865)28 de febrero de 2026 - 05:58 p. m.
Nadie niega que Antonio Caballero era un hombre destacado y con cierta capacidad crítica pero la inteligencia se le agotaba cuando defendía la tauromaquia.
Contrapunteo (18670)27 de febrero de 2026 - 05:18 p. m.
Recordar a Antononio Caballero es un gusto y es difícil no tener sus columnas de opinión. Además de terriblemente tímido, Antonio Caballero vivió muy enfermo, pero nunca lo expresaba, como muchos columnistas que hacen popular sus enfermedad y problemas para ganar audiencia. Ojalá lean la columna que D. Coronel le dedicó a Isabel C. hija de A. Caballero para ver ese ser humano y cálido que era. Cuando la peliteñida V. Dávila, entró a semala, empezó en debacle de la revista y de su vida.
eudoro echeverri quintana(79178)27 de febrero de 2026 - 04:14 p. m.
Buena crónica Laura Camila, además del homenaje merecido a Coronell, también la columna lo fue para el siempre recordado y magnífico Caballero.
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