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Deudas familiares

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Fernando siempre me ha dicho la verdad, así que por eso le pregunto todo lo que me da más miedo saber.

—¿Por qué “pedir” es tan horrible?

Me respondió que por el poder que eso le da al otro. Que era admitir una incapacidad. Después me preguntó qué había pasado y a quién le había tenido que pedir algo. Le dije que no estaba pensando en quien pide, sino en quien recibe la petición.

Se lo pregunté porque sabía que, para él, pedir también era una forma de intervenir la libertad ajena. No porque obligue, sino porque instala una obligación: aunque se pueda decir que no, el otro ya no dispone de la decisión igual.

También le pregunté si eso significaba que la debilidad del otro molestaba.

Respondió que nacemos débiles, pero también con voluntad para dejar de depender de todos.

Lo estaba llenando de preguntas impulsivas y descontextualizadas porque quería una respuesta rápida. Mi irritabilidad tenía que ver con mi propia incapacidad para procesar la culpa. No la culpa propia, sino esa que algunas personas consiguen sembrar en los demás con la excusa del amor o los vínculos. La culpa que aparece cuando alguien convierte su necesidad en una responsabilidad ajena.

Fernando respondió que esa culpa le sonaba a lástima. Y que sentir lástima por otro era un insulto, que así los dos supiéramos que había personas que se ofendían cuando uno no respondía a su autosabotaje, una forma de protegerse era entender que hay quienes viven inmersos en la debilidad porque ya no alcanzan a verla.

Y, aunque hablar de la debilidad de los otros es ingenuo y absurdo, yo no estaba buscando una teoría. Estaba buscando una salida. ¿Cómo se protege la soberanía de la propia vida cuando la sangre, la amistad o el amor empiezan a hablar el lenguaje de la obligación?

Laura Camila Arévalo Domínguez, El país de Margot

Por Laura Camila Arévalo Domínguez, El país de Margot

Periodista en el Magazín Cultural de El Espectador desde 2018 y editora de la sección desde 2023. Autora de "El refugio de los tocados", el pódcast de literatura de este periódico.
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Camilo Sanchez Espejo(3yl69)Hace 21 minutos
Camila pedir es muy díficil, a veces da pena y hasta sarpullido cuando es dinero.
Berta Lucía Estrada(2263)Hace 39 minutos
Lo que hubiese podido ser una buena columna resultó una pérdida de espacio en un diario donde ese privilegio lo tienen muy pocas personas. De haber reflexionado más sobre el asunto, y de haber escrito varios borradores, es posible que hubiese logrado una buena columna. Por el momento es sólo una idea bastante peregrina; ni siquiera puede llamarse "borrador".
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