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Seguimos hablando del Half Time Show del Super Bowl y ya pasó casi una semana. La conversación escaló a debate y varias personalidades de la cultura cuestionaron la presentación de Benito. Uno de ellos fue Martín Caparrós: “Qué suerte que Latinoamérica no es esto que Bad Bunny y Donald Trump nos quieren hacer creer”, dijo. Por “esto”, entiendo, se refiere a lo que muchos han señalado como un pastiche de clichés.
Mi intención, desde luego, no es controvertir a Caparrós ni escribirle una carta abierta. Él es el gran cronista de El sí de los niños, y yo soy solo una periodista que leyó sus libros en la universidad. Sin embargo, considero que hay algo que, junto a los otros críticos, pasa por alto: Bad Bunny no quiso hacer una representación de latinoamericanidad, quiso denunciar el abuso histórico contra su país por parte de Estados Unidos.
El escenario enmarcado en plantaciones de caña puede leerse como una referencia a la invasión de 1898, en la que Estados Unidos se apoderó de las plantaciones de azúcar, impuso el monocultivo y convirtió a los puertorriqueños en sus obreros; Lady Gaga en versión salsa, como una crítica a los años que llevan viviendo bajo la soberanía gringa y a la manera en que bajo la figura de Estado Libre Asociado les han impuesto su cultura: el pop en inglés por encima de los ritmos latinos en español; los bailarines haciendo acrobacias en postes de luz, a las crisis de energía eléctrica que vive la isla y que podrían resolverse si las empresas privadas que compraron la Asociación de Energía Eléctrica invirtiera en nuevas infraestructuras; y Ricky Martín cantando “Lo que le pasó a Hawai” es bastante obvio: que Puerto Rico no termine siendo una neocolonia de Estados Unidos.
Si bien esos fragmentos de historia repiten patrones con República Dominicana, con Cuba, e incluso, con Chile, no significa que sea la de todos los latinoamericanos. Quizá solo se trataba de leer entre líneas con un poco más atención y no quedarse con las frutas, los colores, los tacos, el ron y la casita.
Ahora bien, los críticos podrían refutarme diciendo que el momento clímax del show fue Bad Bunny enumerando, de sur a norte, los países del continente americano, que fue ahí donde dio a entender que hablaba por todos. Yo lo interpreto más como otra crítica a la doctrina Monroe, América para los americanos, y a sus otros émulos como Make América Great Again. El mensaje era más literal que el de Bolívar o Martí: América es un continente, no el país de Donald Trump.
