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Mi gran sorpresa fue descubrir que “Cumbres Borrascosas” –quiero enfatizar en las comillas que la directora sumó inteligentemente al título–, de Emerald Fennell, logró más de 80 millones de dólares en taquilla durante su primer fin de semana en salas de cine. Pensar que una película que reduce el clásico de Emily Brontë a un chick flick a medio camino entre Crepúsculo y Las 50 sombras de Grey tiene tanta acogida me entristece un poco.
Abramos el contexto: Cumbres Borrascosas –la de Brontë, que no tiene comillas– representó un momento crucial en la literatura y, más aún, en la literatura escrita por mujeres. Desde la forma misma: un narrador, dentro de otro narrador, dentro de otro narrador, dentro de otro narrador y así sucesivamente; hasta la construcción personajes que son antítesis propias de la bondad: Heathcliff, el héroe byroniano –oscuro y herido y violento– y Catherine, la anti-doncella –manipuladora, egocéntrica y egoísta–. Es, sí, una historia de amor, o de amores, porque son varios. Pero todos cargados de maldad, de rencor y de venganza.
Dicho esto, “Cumbres Borrascosas” –la de Fennell y las comillas– redujo toda la fuerza narrativa y psicótica de la novela a un amor victoriano y utópico, lleno de sexo en lugares incómodos. Está claro que los libros que pasan al cine no son correspondencias completas porque se trata de formatos y lenguajes diferentes. Es necesario que transformen temporalidades, cambien estructuras y sumen o eliminen personajes, incluso, que construyan nuevos giros en la historia. Pero esta (des)adaptación no solo se quedó en la primera mitad del libro, mala decisión teniendo en cuenta que el de Brontë es un argumento redondo, sino que simplificó la psiquis de sus personajes hasta la ridiculez. Nada queda del héroe verdugo, la doncella cruel o la punción de muerte que habitan en el texto original.
Eliminar personajes tampoco fue una buena idea. La maldad de Heathcliff –el héroe verdugo– está relacionada con traumas de infancia causados por los maltratos del hermano mayor de Catherine, borrado por completo en la versión de Fennell. Aunque la película intenta darle ese poder al padre, no es suficiente y, como consecuencia, el público nunca ve a Heathcliff como un villano, sino como un héroe incomprendido.
Y, bueno, el personaje adaptado con menos justicia es Isabella, la mujer que se enamora de Heathcliff y se casa con él. En la película es tan ingenua que parece insinuar alguna deficiencia cognitiva. En el libro, es la única mujer con el suficiente valor para romper esa dependencia del macho, escaparse con su hijo y liberarse de los maltratos, violencias y violaciones de su marido.
“Cumbres Borrascosas” –con las comillas– es casi como haber hecho una adaptación de Drácula, pero sin que sea vampiro; o de Delirio, sin la locura de Agustina; o de Cien años de soledad sin Macondo; o de Pedro Páramo sin que todos estén muertos, o de Crimen y Castigo sin que el protagonista sienta culpa. En fin, pareciera una adaptación del libro sin haber entendido el libro.
