Esta semana, Shakira cumplió 49 años. No son muchos los artistas pop cuya obra puede clasificarse en etapas, y son menos aún los menores de 49 años. Me refiero a que si hablamos, por ejemplo, de Beatriz González, podemos identificar mínimo cuatro momentos: figuración, apropiación, arte político y memoria colectiva. Por supuesto, Beatriz González fue una artista plástica, tan académica como irreverente, que murió a los 93 años. Creo que el punto es claro, pero por si acaso, Shakira ha mutado varias veces su obra y es eso lo que nos permite pensar sus etapas como espejos de sus épocas.
Comencemos:
Entre 1995 y 2005, está la Shakira rockera que muchos extrañan. Una Shakira confesional, influenciada por Neruda, Benedetti y Girondo, que usa metáforas: “aprendí a quitarle al tiempo los segundos…”; enumeraciones, “eres mi desliz, mi país feliz, mi primavera, mi escalera al cielo…”; oximorones: “me enseñaste a decir mentiras piadosas…”, y sinestesias: “desde la redondez que tienen tus labios, al olor de tu pelo…”; que escribe en formas estróficas y se nutre de sus propias experiencias.
Del 2005 al 2015, hay una versión geolocalizada de Shakira. Una cantante con influencias colombianas y libanesas, que no intentó globalizarse para entrar en los mercados centrales de la industria musical –Estados Unidos e Inglaterra–, sino que logró permear esos espacios con lo que suele llamarse “el mercado de la periferia”. Es decir, todo lo que está por fuera de los grandes centros de la música comercial. Shakira incluyó guiños de cumbia, latin, salsa, belly dance y aires de darbuka en el pop anglo que comenzaba a vender. “Whenever, Wherever”, “My hips don’t lie” y “Rabiosa”, por nombrar algunas.
Y del 2015 hasta la fecha, existe una apropiación de la poesía grecorromana y sus yambos, versos dedicados a enemigos, traidores o examantes. Tal como hace Shakira en “Session 53”: “Ah, mucho gimnasio, pero trabaja el cerebro también” o la tan repetida “cambiaste un Ferrari por un Twingo”. Además, da una idea implícita del amor como arena de lucha, y de la mujer como Medusa mítica: bella, fuerte y vengativa. “Una loba como yo no está pa’ novatos… Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”.