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La involución de América

Laura Galindo

31 de julio de 2026 - 12:05 a. m.

Es de no creer que después de pasar por cuatro olas feministas, del Stonewall, de la despenalización de la homosexualidad, de la ley de feminicidio, del movimiento Black Lives Matter y del fallo de la Corte Interamericana en favor de los U’wa, existan en América ideas políticas en curso para reversa las garantías obtenidas con cada una de esas luchas. Y por América me refiero a la real, la que va de Canadá a Chile, y no a la forma en que el complejo de superioridad estadounidense insiste en llamar a su país.

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Que después de Rosa Parks y los asientos exclusivos para blancos en los buses, de Luther King y su discurso de I have a dream, del Nobel de la Paz para Rigoberta Menchú, de Esperanza Arboleda y su lucha por el voto femenino, de que Mauricio Albarracín demostrara que las parejas del mismo sexo también tienen derecho a adoptar, y de que Patricia Gualinga lograra una sentencia que habla garantías para la selva y el medioambiente, la extrema derecha eleve consignas en las que estos avances, indispensables para la evolución humana, sean vistos como errores históricos.

Es descabellado pensar que existe alguien en el mundo que aún considere que las mujeres son ciudadanas de segunda clase y no deberían votar, ganar lo mismo que los varones o decidir sobre su cuerpo. O que las personas diversas deben ser aceptadas, pero no celebradas porque sufren de alguna disforia que necesita curarse. Es descabellado, muy descabellado, que se hable de guerra, porte legal de armas y fuerzas militares, en lugar de paz, perdón y reconciliación.

Y aún así, mientras el sentido común dice que deberíamos hacer lo contrario, celebramos autores como Agustín Laje, que llevan años insistiendo en que el feminismo, el ecologismo y el indigenismo son armas comunistas para relativizar la verdad y armar una “nueva inquisición” contra lo que no es “políticamente correcto” –entre comillas porque Laje siempre entrecomilla el concepto, como si no fuera real–. Le damos voz y resonancia a movimientos religiosos en el que las mujeres de ultraderecha proponen no volver a votar y que el marido vote por ellas a través de un voto familiar, movimientos que también insisten en que la educación debe subordinarse a la religión y, bajo esa lógica, aplicarse en los colegios. Y elegimos presidentes como Javier Milei, que desmanteló las políticas de género en Argentina; o José Antonio Kast, que derogó la despenalización del aborto; o Trump, que legitimó la persecución de inmigrantes, o Abelardo que tiene acusaciones de corrupción respaldadas por el New York Times y dice amar y admirar a Milei, a Trump y a Kast.

Es verdad, resulta de no creer.

@LauraGalindoM

Por Laura Galindo

Periodista musical y cultural. Pianista de la Universidad Javeriana, magíster en piano de la Universidad Eafit, magíster en periodismo de la Universidad de Los Andes y MFA en Creative Writing de la New York University -NYU-. Editora cultural y presentadora en RTVC Noticias, de Señal Colombia.
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