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Las biblias de Abelardo

Laura Galindo

07 de agosto de 2026 - 12:05 a. m.
Foto: Captura de
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Aunque para el momento en que se publica esta columna Abelardo de la Espriella no se ha posesionado de forma oficial, ya tenemos pistas suficientes para imaginar lo qué será su gobierno: una imposición constante de versículos sobre artículos. Hace unos días, él mismo compartió un video en el que mostraba orgulloso cómo la primera reunión con su equipo de trabajo fue un retiro espiritual. En ese retiro, De la Espriella le entregó a sus ministros, pastores y pastores/ministros una Biblia con el logo de los Defensores de la Patria en la portada. “Para construir una gran nación, hay que poner a Dios en el centro de cada decisión”, dijo.

Lo problemático no es que Abelardo crea en un dios o regale Biblias. Lo problemático es que en el centro de las decisiones de un gobierno no debería estar Dios sino el pueblo. En eso consiste la democracia. Eso es lo quedó escrito en el artículo 15 de la Constitución de 1991: que garantiza la libertad de cultos y que todas las personas tienen derecho a profesar o no una religión. Es por eso que Viviane Morales puede pertenecer a la Casa sobre la roca, o Jaime Beltrán puede ser pastor de Mecal. Sin la Constitución de 1991, la única religión permitida en Colombia seguiría siendo la católica, como quedó estipulado en 1886.

Desligar el Estado de la religión no es un debate abierto. Es una conclusión a la que se llegó hace dos siglos con la Revolución Francesa. La laicidad permite dos cosas claves: que la fe sea una creencia y no un acto opresivo –la fe impuesta por ley no es fe sino obligación–, y que las leyes se escriban desde la razón y no desde dogmas teológicos que resultan incuestionables. Por ejemplo: entre los mandamientos de la iglesia católica está ir a misa los domingos y se cumple porque es un deber desde la fe, no porque exista una razón lógica.

Las políticas económicas, sociales y públicas son, vale la redundancia, políticas, no dogmas. Las ampara la Constitución, no la Biblia. Las rigen las leyes, no los versículos. No se trata de rezar o no rezar, se trata de que imponer verdades personales como verdades absolutas es, sí, una característica frecuente del fascismo. Y más aún cuando esas verdades personales quizás no vengan exclusivamente de la fe, sino también de los intereses económicos que respalda el voto cristiano, fiel servidor de la Patria Milagro.

@LauraGalindoM

Por Laura Galindo

Periodista musical y cultural. Pianista de la Universidad Javeriana, magíster en piano de la Universidad Eafit, magíster en periodismo de la Universidad de Los Andes y MFA en Creative Writing de la New York University -NYU-. Editora cultural y presentadora en RTVC Noticias, de Señal Colombia.
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