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Mujer colombiana, salve usted la patria

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Laura Galindo
12 de junio de 2026 - 05:05 a. m.
Abogado y precandidato presidencial por su movimiento "Defensores de la Patria", hace entrega de 4,8 millones de firmas en la Registraduría.
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Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Abelardo de la Espriella es un discurso machista. No solo en sus formas más evidentes, como forzar una reportera a que le elogie el tamaño del pene o intentar sustentar en público que un feminicidio es un acto de amor, sino, también, en sus formas simbólicas y semióticas. La manera en que habita cualquier espacio es un derroche explícito de masculinidad violenta: los gritos, el chaleco antibalas, las referencias marciales, la fuerza bruta –destripar, exterminar– y la concepción del poder como mecanismo de dominación.

Esta es, quizá, aún más peligrosa que el elogio al pene porque apela al instinto y a la inconsciencia. El patriarcado existe porque fue normalizado sin hacerse preguntas, se heredó a través del lenguaje y las instituciones culturales, y se sigue recreando en nuestras dinámicas sociales porque “así ha sido siempre”. Dice Judith Butler que la masculinidad no es algo que los hombres son, sino algo que interpretan. Recio, viril, fuerte, valiente, proveedor o jefe no son características de nacimiento, son papeles que actúan los machos porque así les dijeron que debía ser.

Ahora, el problema no son los adjetivos por sí solos sino las jerarquías que crean por oposición a lo femenino: el hombre es fuerte, la mujer es débil; el hombre voluntad, la mujer impulso; el hombre poderoso, la mujer sumisa; el hombre es trabajo y la mujer es casa. Se construyen estereotipos y con ellos nacen la exclusión y la desigualdad. El macho que no encaje en esa masculinidad hegemónica merece castigo, la mujer que no quiera ser madre es juzgada, la pareja homoparental es pecadora.

De la Espriella habita esa masculinización tóxica, reitera roles obsoletos y exhibe la superioridad del macho hegemónico. En menos palabras: es machista y violento. El suyo es un discurso emocional y cautivador para quienes repiten patrones sin cuestionarse, pero sobre todo, peligroso, porque implica un retroceso en la evolución social, en la reflexión y en la construcción de la equidad y la justicia. El incisivo “firmes por la patria”, acompañado del gesto militar, no es menos que insensato en boca de mujeres y de quienes no encajan en la lógica tradicional de la heterosexualidad porque invalida lo femenino y los obliga a negociar su existencia desde la desventaja.

Cierro esta columna parafraseando la arenga de las sufragistas de 1954: Mujer colombiana –y, añado, persona diversa– salve usted la verdadera patria.

@LauraGalindoM

Laura Galindo

Por Laura Galindo

Periodista musical y cultural. Pianista de la Universidad Javeriana, magíster en piano de la Universidad Eafit, magíster en periodismo de la Universidad de Los Andes y MFA en Creative Writing de la New York University -NYU-. Editora cultural y presentadora en RTVC Noticias, de Señal Colombia.
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A abelardito le faltó como en esa serie coreana de Netflix "Así aprenderás" alguien que le hiciera lo mismo que él hacía, que lo torturaran y le hicieran lo mismo que él le hacía a los gatos, en este momento no tendría de que diablos creerse muy macho, semejante escoria sádica que es lo único que él es.
Tulio Claudio (70717)Hace 29 minutos
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