Publicidad

No es solo la camiseta

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Laura Galindo
05 de junio de 2026 - 05:05 a. m.
“De la Espriella no quiere sentirse cercano al pueblo, quiere venderle al pueblo la fantasía de que no son pueblo sino élite”: Laura Galindo
“De la Espriella no quiere sentirse cercano al pueblo, quiere venderle al pueblo la fantasía de que no son pueblo sino élite”: Laura Galindo
Foto: EFE - Ernesto Guzmán Jr
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

La discusión de la camiseta, en realidad, no tiene que ver con la camiseta. Los políticos pueden ponérsela, de la misma forma en que se la ponen los cantantes cuando vienen de gira y alguien se las lanza desde el público. O con el mismo derecho que tienen las modelos extranjeras cuando salen ondeándola como una bandera al final de los desfiles de diseñadores colombianos. Incluso, con la misma tranquilidad con que se la pone un ciudadano común el 20 de julio, así no haya ningún partido.

La camiseta de la Selección Colombia se ha convertido en un tótem. En la representación de una serie de orgullos colectivos, de emblemas y de vínculos. Si bien pertenece a otro espacio cultural, como es el fútbol, la camiseta es símbolo de efervescencia popular: todos somos uno y ese uno es inmortal. Dicho esto, cuando los políticos, las celebridades o los músicos la usan en público, lo hacen para responder a la urgencia de generar identificación y obtener la aprobación del público. Entrar en esa dinámica de alteridad convierte a ese ídolo lejano, a ese ‘otro’, en uno más de ‘nosotros’.

Es mercadeo, desde luego. O campaña o estrategia de comunicaciones. Llámenlo como mejor les parezca. Pero ese no es el problema. El problema es cuando ocurre lo contrario, cuando ese ‘otro’ se apropia de un símbolo colectivo, le quita su valor totémico de alteridad y lo convierte en una muestra individual de su campaña política. ‘El tigre’ no se pone la camiseta para ser como el pueblo, se la pone para pedirle al pueblo que sea como él. No en vano el mensaje fue “póngase la camiseta y salga a votar, a ponerle la raya al tigre”.

Ante esto hay dos tipos de respuestas. La de quien siente que le quitaron el derecho a portar sus símbolos y los ve resignificados con consignas destructivas -fracking, guerra, homofobia, machismo, elitismo, desigualdad-, y la de quien sin cuestionarse mucho y de manera desinformada celebra esa instrumentalización porque siente que lo pone al nivel de ese ‘otro’. De nuevo, De la Espriella no quiere sentirse cercano al pueblo, quiere venderle al pueblo la fantasía de que ya no son pueblo sino élite, como él.

En cualquiera de los dos casos, el resultado es el mismo: un símbolo desacralizado y al que se le endilgan representaciones opuestas a su naturaleza, y un ‘nosotros’ infantilizado, al que De la Espriella intenta engañar a través de emociones primarias y fantasía aspiracionales, que atentan contra su propio bienestar. A eso se reduce su campaña.

@LauraGalindoM

Laura Galindo

Por Laura Galindo

Periodista musical y cultural. Pianista de la Universidad Javeriana, magíster en piano de la Universidad Eafit, magíster en periodismo de la Universidad de Los Andes y MFA en Creative Writing de la New York University -NYU-. Editora cultural y presentadora en RTVC Noticias, de Señal Colombia.
Conoce más

 

Carlos Rodríguez(jbw8b)07 de junio de 2026 - 02:29 p. m.
No es sólo la camiseta. Es callar ante la corrupción del gobierno petro, pero apoderarse de sus magros logros. No es sólo la camiseta: es apoyar abierta y descaradamente a corruptos como Quintero y Ospina a quienes les dio la postrada salud, apoyar insólitamente a un corrupto como Roa, y ni hablar del apoyo descarado a la corrupta Juliana Guerrero.
Hans Peter Hinder(06202)06 de junio de 2026 - 11:02 p. m.
Y mañana otra jueza le prohibide Isar corvata. Esto es tan ridiculo! Que de ponga la camisa del Ecuador nadie va a Notar la diferencia.
Miguel Rodriguez(63706)06 de junio de 2026 - 02:21 p. m.
"El pueblo" se deja engatuzar fácilmente, realilties, reguetoneros, deportistas, politiqueros, todo ello es utilizado para cabestrear a la gente y la masa, idiotizada, se deja llevar en provecho de las élites, de las clases dominantes. La tal camiseta es un fetiche exagerado (ni que hubiéramos sido alguna vez campeones) y De la E. es un producto de consumo pero de peligrosas consecuencias para ese "pueblo" enajenado.
Alvaro Gomez(63032)06 de junio de 2026 - 11:53 a. m.
La manda. Si, se identifican como una manada de animales. Y eso son. Se necesita ser muy animal para no entender que el facismo está ahí, a punto de regresar. Motosierra de Milei pero la de verdad, genocidio de Trump, megacarceles de Bukele, destrucción de la amazonia de Bolsonaro., golpes de frente en el muro de las lamentaciones de Natanyahu. Fracking en los paramos . Eso queremos?
Alejandro Delgado(53mrt)06 de junio de 2026 - 10:24 a. m.
Lo que resulta inadmisible es que una jueza penal lleve a derecho constitucional y fundamental el uso (o la prohibición de uso) de la camiseta. Su opinión y comentario, son válidos. Pero no lo es judicializar el uso de una camiseta que no es símbolo sagrado. Ni más faltaba. Y aunque lo fuera, queda al arbitrio de la libertad individual usarla o no. De cualquier corriente política. Lamentable el abuso de la tutela y censurable el fallo que, pronto, será revocado por el tribunal.
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.