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Después de ver que la Colombia popular, o como dicen desde arriba “la Colombia profunda”, se estremeció con la muerte de Yeison Jiménez y salió a las calles con velas, fotos y mensajes; llenó el Movistar Arena y hasta dejó por fuera un número de personas suficientes para generar disturbios, la relevancia del ‘jimenismo’, como él mismo lo bautizó, queda establecida. La pregunta, entonces, es: ¿por qué? ¿Por qué la gente se conmueve tanto con sus canciones si todas giran alrededor del trago, el derroche y las mujeres como transacción? ¿Por qué lo escuchan las mujeres si sus letras son machistas? ¿Por qué es un referente si hace apología a la violencia?
Una posible respuesta sería la exaltación de la virilidad tradicional en el relato jimenista que, desde la visión de la antropóloga Mara Riveros, no se asume como una construcción social sino como un recurso de honor y supervivencia. Tener suficiente plata para gastar en trago y mujeres significa que el macho ha logrado su misión como proveedor; que es fuerte, porque bebe hasta que el cuerpo aguante, y que se ha ganado el respeto de los otros a través de una suerte de pacto ceremonial que se sella en las cantinas. La música de Yeison Jiménez refuerza esa identidad del hombre popular y la celebra.
En cuanto a sus seguidoras, puede que se deban a lo que la argentina Rita Segato llama “El patriarcado de la seducción”. La base machista sobre la que hemos construido nuestras dinámicas sociales ha erotizado atributos de la masculinidad hegemónica como el dinero, el poder, la seguridad y el éxito. Y a eso hay que agregarle que en la canciones de Jiménez, el trago y la borrachera le permiten a ese macho mostrarse débil y herido, algo que en sano juicio no ocurriría nunca.
Yeison Jiménez, además, se convirtió en una figura aspiracional para las clases bajas. Un muchacho, vendedor de aguacates en la plaza de mercado, que triunfa en la música y se hace rico y famoso. Es la misma idea del futbolista o el boxeador que vivió en la escasez y, a punta de talento, se convirtió en héroe. A través de ellos, quienes viven en las mismas circunstancias encuentran una esperanza y algo de justicia social: el éxito no es solo para los nacidos en el privilegio.
Volviendo a las preguntas del principio, las canciones de Yeison Jiménez retratan la idiosincrasia de la clase popular y Yeison Jiménez representa la posibilidad de materializar las aspiraciones de esa misma clase. Esto, desde luego, no legitima sus narrativas ni tampoco indulta sus violencias, solo las explica para que podamos cuestionarnos y proponer unas nuevas.
