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¿Por qué peleamos por política?

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Laura Galindo
10 de julio de 2026 - 05:05 a. m.
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Simple: porque la política determina la distribución del poder, la justicia y lo que será considerado como “el bienestar común”. El voto no es personal, vivimos en una democracia y por lo tanto cada voto incide en una decisión que afecta a más de 50 millones de personas.

No mezclarla con familia o con amigos es imposible. El solo hecho de existir en un momento y un espacio social determinado nos convierte en seres políticos –Zoon Politikón, según Aristoteles–. ¿Cómo no van a politizarse, entonces, las relaciones humanas? Elegimos nuestros círculos íntimos a través de varias premisas: conexiones afectivas, valores comunes y construcciones de identidad. Nadie tiene un mejor amigo con el que no se siente par, o por el que no siente el menor cariño. Eso está claro.

En ese orden de ideas, las diferencias políticas implican enfrentamientos entre visiones del mundo, de lo justo y de lo moralmente correcto. Estar o no favor de perforar la tierra y llenarla de químicos para que los empresarios ricos sigan siendo ricos implica una diferencia grande de valores comunes; creer o no que la educación debe guiarse por principios religiosos, aún cuando se ha probado que amparan la discriminación y los discursos de odio en contra de la diversidad, también lo es.

Equiparar el bienestar común con el comunismo soviético y asegurar que un gobierno social implica la abolición de la propiedad privada y la persecución de las clases altas denota una identidad puntual –y un desconocimiento profundo–. La misma de quienes no encuentran problemático el expansionismo imperialista de Donald Trump, ni critican el nombramiento de ministros acusados de corrupción.

Esa identidad, que promueve la violencia, que quiere “destripar” a quienes piensan diferente y tiene el bienestar de las élites como prioridad se opone radicalmente a la de quienes se reconocen como pueblo y entienden el bienestar común como la disminución de la brechas –en plural: económicas, sociales, culturales–. A la de quienes piensan en colectivo y creen en los derechos humanos. A la de quienes defienden la vida de los páramos, los animales y las personas.

Entender el pluralismo como fortaleza o como debilidad es, definitivamente, una diferencia de valores e identidades lo suficientemente fuerte para discutir por política. ¿Si yo defiendo la vida, cómo puedo no contradecir a ese amigo que la ataca? Si ese mismo amigo vota a favor de que persigan lo que soy y represento, ¿cómo puedo seguir llamándolo “amigo”?

@LauraGalindoM

Laura Galindo

Por Laura Galindo

Periodista musical y cultural. Pianista de la Universidad Javeriana, magíster en piano de la Universidad Eafit, magíster en periodismo de la Universidad de Los Andes y MFA en Creative Writing de la New York University -NYU-. Editora cultural y presentadora en RTVC Noticias, de Señal Colombia.
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