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Rosalía y Jerónima del Espíritu Santo

Laura Galindo

17 de julio de 2026 - 12:05 a. m.
“Ambas resultan controversiales para su tiempo: Rosalía, por desacralizar lo sacro y Jerónima por sacralizar lo profano”: Laura Galindo
Foto: EFE - X de Lux Tour
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No soy católica –estudié en un colegio de curas y eso me bastó para dejar de serlo–, pero esta semana, dos cosas a las que sí les guardo devoción coincidieron para que hablara de misticismo: la música y la literatura. Por un lado, Rosalía presentó en Bogotá su último disco, Lux, inspirado en las visiones religiosas de diferentes santas: Rosa de Lima, Juana de Arco, Teresa de Ávila, Olga de Kiev, por nombrar algunas, y, por el otro, la publicación del libro Yo con mi rudeza, que recopila los cuadernos en los que Jerónima Nava y Saavedra, monja Clarisa de La Nueva Granada, puso por escrito sus visiones hace casi 300 años.

Lux, el disco de la Rosalía, construye a través de imágenes simbólicas pertenecientes a esas visiones de las santas, una narración polisémica. Y por polisémica me refiero a que puede interpretarse de diferentes formas: como un amor, efectivamente, místico; como un amor carnal, o como un reproche al amor mismo. La mía es bastante más banal, Rosalía toma metáforas místicas y las inscribe en contextos humanos, pasionales y eróticos. Por ejemplo: “Reliquia”, la segunda canción del álbum, es un guiño a Santa Rosa de Lima, cuyo cuerpo terminó repartido por el mundo como muestra de devoción. Rosalía reescribe la historia en primera persona y habla de dejar algo suyo en cada lugar que visita: un mal amor en Madrid, la fe en D.C., los tacones en Milán, un porro en México o una amiga en Bangkok.

Jerónima hace lo contrario. Escribe a través de imágenes literales y las sitúa en contextos humanos: se casa con Jesús e intercambian anillos durante la boda, un niño la encuentra rezando en el coro de la iglesia y le pide que lo críe, Dios es un jardinero que quita la maleza de un rosal, o ella es una niña de brazos y la Virgen María la amamanta. Cada escena aparece acompañada de su interpretación, es la misma Jerónima quien construye el simbolismo desde sus conocimientos: le entrega su vida a la religión católica, educa a los demás en la fe, expía sus pecados a través de la oración, y se identifica como elegida por Dios.

Tanto una como la otra resultan controversiales para su tiempo: Rosalía, por desacralizar lo sacro y atreverse a hablar de lo terrenal y lo erótico con un lenguaje reservado para lo sagrado, y Jerónima por sacralizar lo profano y resignificarlo desde la mística. En pocas palabras, ambas se atrevieron a pensar más allá de lo que se suponía permitido. Hace 300 años, el conocimiento y la sabiduría eran virtudes masculinas, y hoy, a pesar del sin fin de discusiones, el placer y la sexualidad femenina siguen siendo sujetos de crítica.

@LauraGalindoM

Por Laura Galindo

Periodista musical y cultural. Pianista de la Universidad Javeriana, magíster en piano de la Universidad Eafit, magíster en periodismo de la Universidad de Los Andes y MFA en Creative Writing de la New York University -NYU-. Editora cultural y presentadora en RTVC Noticias, de Señal Colombia.
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