“Oh, Chambacú, sudor de negros,
historia de esclavos
que como tú, Estefanía,
escribieron la historia mía”.
Totó la Momposina aprendió de La cantadora del monte y, aunque sus composiciones no fueron tantas, para ella escribió ‘Oye, manita’.
Estefanía Caicedo Paéz fue la maestra de Totó en los bailes cantados. Nació en el corregimiento de Rocha, jurisdicción del municipio de Arjona, en Bolívar, y creció con las dos costas adentro: su padre era del Pacífico y su madre del Caribe. Ambos descendientes bantú y sobrevivientes de la diáspora africana. Estefanía representó, entonces, la síntesis de ese territorio simbólico que habitaron las poblaciones negras, ese que no dependía de un lugar geográfico sino de una identidad y unos tambores.
Para 1924, Arjona era la sede del Ingenio Central de Colombia, la fábrica de azúcar más rentable y moderna del país. Hombres y mujeres de distintos lugares migraban buscando colocarse en alguna posición de la empresa que estuviera bien paga. Con los nuevos habitantes, llegaron los decimeros andadores y sus canciones que hacían las veces de correo, periódico y libro de historia al tiempo. Transmitían mensajes, denunciaban injusticias, contaban leyendas, narraban las noticias y hasta regaban chismes.
De ellos aprendió Estefanía Caicedo, “La cantadora del monte”. Heredó sus cuadros costumbristas, su lenguaje, sus tonos, sus acentos y su destreza para la décima espinela. Pasó el tiempo y de Arjona se mudó al barrio Chambacú, en Cartagena. Hizo parte del Grupo Folclórico Malibú, se unió a Delia Zapata Olivella en varias de sus cruzadas, y fue maestra de bailes cantados: bullerengue, tambora, guacherna, chandé, berroche y fandango de lengua.
Allí la conoció Totó, cuando aún era joven y estaba aprendiendo a ser leyenda. Se convirtió en su respondona –nombre que reciben las coristas que contestan a los pregones de la cantadora– y, sobre todo, en su pupila. Aprendió de ella y con el tiempo, no solo se ganó la capitanía para ser cantadora, sino también el derecho a serlo junto a su maestra. En el año 2000, la Momposina estrenó su disco Pacantó, uno de sus mejores, por cierto, y el primero en el que rinde tributo directo a la raza y a la diáspora. En ese disco aparece ‘Ay, manita’, la canción que le compuso a su maestra, La cantadora del monte.
“Oye, manita, tú eres mi hermana.
Tú eres mi hermana
hasta malangana”.