Los estudiantes de las universidades públicas del país y sus familias continúan, en su mayoría, sufriendo los notorios efectos de la pandemia, ya que el empleo no se ha logrado recuperar y las constantes y fluctuantes restricciones impuestas a raíz de la emergencia sanitaria impiden la normalización de las labores, incluso de la actividad informal. Existe un alto grado de incertidumbre frente a la recuperación de la economía porque la vacunación será un proceso gradual, lento y de experimentación, lo que impide tener certeza sobre la posibilidad de alcanzar la inmunidad de rebaño durante el 2021, lo que, a su vez, prolongará las medidas de prevención, confinamiento, cuarentena y toques de queda que influyen en las actividades económicas de la población. Toda esta situación pone de manifiesto el latente riesgo de deserción estudiantil en las universidades para este 2021.
Dadas las condiciones que se avecinan, un primer gran desafío es lograr establecer un apoyo sólido y permanente por parte del Gobierno Nacional para financiar la matrícula cero de los estudiantes más necesitados. El gobierno ya anunció en un consejo de rectores del Sistema Universitario Estatal (SUE) que mantendría el mismo apoyo para las matrículas proporcionado en 2020; sin embargo, todos sabemos que este es importante pero no suficiente para atender a la población estudiantil. Se requerirán los esfuerzos de las gobernaciones y municipios, como ocurrió en 2020, pero la gran preocupación son las universidades de orden nacional, como la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca y la Universidad Pedagógica Nacional, que dependen de manera exclusiva de recursos de la Nación y que no han logrado, de manera clara, establecer un apoyo de parte de gobernaciones y alcaldías, por lo que se vivirá un ambiente de tensión y preocupación en términos de lograr la matrícula cero para los estudiantes en el 2021; en ese orden, se hace un llamado a los entes gubernamentales, para tomar las medidas necesarias que permitan impedir una deserción masiva de nuestros estudiantes a causa de su imposibilidad para cubrir los gastos de matrícula.
El segundo desafío del 2021 es lograr sostener la calidad de los procesos académicos por medio de la educación a distancia mediada por las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) o, en algunos casos, de educación virtual; pues ello requiere del fortalecimiento de las plataformas tecnológicas, garantizar la conectividad de los estudiantes que aún no lo logran, robustecer los procesos formativos de los maestros para usar de mejor forma estas tecnologías, asegurando así procesos académicos consistentes que permitan a los estudiantes las mejores posibilidades de formación. En esa misma dirección, tendrán que revisarse los sistemas de aseguramiento de la calidad y las directrices del Ministerio de Educación Nacional, ya que los indicadores de internacionalización, investigación y producción, entre otros, han sido afectados en su normal funcionamiento durante la pandemia, por lo que requieren un abordaje alternativo congruente con las circunstancias interpuestas por la actual emergencia sanitaria.
El tercer reto a asumir como universidades públicas está relacionado con los temas de bienestar universitario, pues para la UPN y en general para las universidades públicas del país, continúa siendo una importante apuesta lograr que la población estudiantil tenga acceso a la mayor cantidad de ayudas posibles que contribuyan a su permanencia, tales como apoyos alimentarios, académicos, socioafectivos y emocionales, en tanto esta pandemia ha ocasionado la expresión, con mayor frecuencia, de crisis de ansiedad y afectación de la salud mental, a causa no solo de la incertidumbre y dificultades económicas persistentes, sino del constante distanciamiento físico y social que la ha caracterizado.
El cuarto gran reto está relacionado con sostener los modelos de alternancia educativa y modelos híbridos que implican el desarrollo de espacios académicos presenciales excepcionales que por sus características requieren de manera estricta esta modalidad, como prácticas, laboratorios, trabajos de campo, y todas las áreas de conocimiento que requieren este tipo de ejercicio, garantizando el eficaz cumplimiento de los protocolos de bioseguridad. Este constituye un gran desafío, que va de la mano con el retorno a la presencialidad de forma gradual y segura, previsto posiblemente para el segundo semestre de este año.
Finalmente, como quinto desafío encontramos situaciones relacionadas con los derechos humanos y su garantía, ya que durante la pandemia ha sido preocupante el incremento de los líderes sociales asesinados, incluyendo maestros, y las amenazas a estudiantes, lo que pone en peligro la democracia en las mismas universidades y en el país. Como comunidades universitarias requerimos continuar movilizando diferentes pensamientos y discursos que protejan e incentiven la pluralidad, para de esta manera, seguir fomentando espacios de reivindicación de los derechos fundamentales para todos los ciudadanos colombianos sin importar su género, etnia o posición social, mucho más para aquellos que desde sus comunidades y convicciones se movilizan para lograr el cumplimiento de sus derechos, la protección de la naturaleza y la construcción de la paz.
Estos desafíos, y otros, son los que tendremos que afrontar de manera inminente e inmediata durante el 2021, para garantizar que la educación superior pública del país continúe cumpliendo su misión durante la emergencia sanitaria, garantizando el derecho a la educación de miles de jóvenes pertenecientes a los sectores más vulnerables del país. No obstante, también se encuentran latentes, ahora más que nunca, esas demandas de fondo sobre el modelo de financiación del sistema universitario estatal, sobre la financiación de la investigación en el país y sobre la reducción de brechas entre lo urbano y lo rural.
* Rector de la Universidad Pedagógica Nacional.
@LeoMartinezUPN