Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
En un texto publicado el 3 de agosto de 2026 en El Espectador, titulado “Mensaje de urgencia a la nación colombiana”, el profesor José Ismael Peña, actual rector de la Universidad Nacional de Colombia, propone relacionar una serie de hechos de diferente naturaleza atinentes a esta institución, para establecer una supuesta conexión entre ellos. Enuncia estos eventos de la siguiente manera: “el intento de asesinato del representante estudiantil Kevin Arrigui; el reciente proceso de designación del representante de los rectores ante el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación CONECTI (SIC) y su incidencia en la conformación de la terna que llega al Consejo Nacional de Educación Superior CESU, para la elección de su delegado ante el Consejo Superior Universitario CSU de la Universidad Nacional de Colombia; las controversias judiciales alrededor de la designación del rector de la Universidad; las gravísimas amenazas e intimidaciones contra estudiantes, docentes y directivos, que van desde la estigmatización pública hasta amenazas de muerte; los intentos de control sobre diversas universidades públicas; y la toma del edificio Uriel Gutiérrez por parte de personas que posteriormente fueron capturadas y hoy enfrentan procesos judiciales”
Sin mayor análisis y sin aportar ninguna evidencia, el profesor Peña llega a la conclusión de que todos estos hechos se derivan de una estrategia compartida por algunos integrantes de la comunidad universitaria (“la combinación de las formas de lucha en el escenario académico”). Tal plan estaría diseñado y dirigido por un grupo de personas que él sugiere, pero no define con precisión, en el que incluye al gobierno de Gustavo Petro. En forma ligera e irresponsable vincula las manifestaciones violentas de diverso tipo, que lamentablemente han sucedido en la universidad en los últimos decenios, con las controversias judiciales, amparadas por la ley y la constitución, que se desarrollaron en la universidad a raíz de la designación del rector entre 2024 y 2026, y con el nombramiento del representante de los rectores en el CONACTI (no CONECTI como él dice). Después agrega a la lista, las amenazas e intimidaciones contra integrantes de la comunidad universitaria (vale aclarar que las personas afectadas tienen diferentes orientaciones ideológicas, políticas y académicas que él no menciona), la toma del edificio Uriel Gutiérrez y sus presuntos responsables, y mi declaratoria de “desobediencia civil”, forma de protesta con amparo constitucional, que desde un primer momento fue pública, pacífica y consciente.
Esta mixtura de hechos tan heterogéneos, dentro de una misma estrategia supuesta, produce un efecto retórico inmediato, descalifica y deslegitima las acciones y manifestaciones legítimas y legales al equipararlas, dentro del mismo grupo, con las que se consideran ilegítimas e ilegales. Acciones jurídicas como las que instauramos con los profesores Rodrigo Uprimny y Alberto Yepes son vistas sin ningún soporte racional como parte de una cadena con eslabones ilícitos. Lo mismo sucede con la participación en el Consejo Superior Universitario del profesor Víctor Manuel Moncayo, exrector de la UNAL que se distinguió durante toda su vida docente por la defensa jurídica, política y académica de la autonomía universitaria. Identificar acciones legales y legítimas con conductas violentas de distinta índole, constituye un recurso tradicionalmente empleado para amendrentar y criminalizar el pensamiento crítico y el derecho a la oposición.
Por este motivo, no resulta extraño que el profesor Peña ponga bajo sospecha la protesta universitaria, debido a la presencia en ella de actores sociales urbanos que actúan de acuerdo con su propia lógica y con total independencia. Las amenazas o agresiones violentas, que contradicen la vida académica y crean un ambiente de zozobra colectiva son vistas en forma unilateral, sin tener en cuenta el complejo contexto de la violencia en las universidades públicas. Olvida que las responsabilidades por estos actos deben ser establecidas por la jurisdicción penal ordinaria o los órganos disciplinarios y no por el rector de la Universidad Nacional de Colombia. Además, los evidentes problemas en la regulación de la democracia universitaria, que han permitido la injerencia permanente de las administraciones estatales de turno y el desconocimiento sistemático de la autonomía, debido a la composición del Consejo Superior Universitario, son utilizados como argumento para asegurar las nuevas mayorías en este órgano colegiado, a raíz del relevo presidencial en el país.
El mensaje del profesor Peña, en su conjunto, pretende convertir a sus principales contradictores en enemigos que deben ser combatidos y, en forma contradictoria, llamar a un diálogo después de haber utilizado una estrategia política bélica, propia de los regímenes dictatoriales y autoritarios, que estigmatiza a los opositores, debilita su legitimidad y finalmente los persigue y condena política, social o jurídicamente. En otras palabra, crea un oxímoron, una figura retórica conformada por dos expresiones con sentidos opuestos, en este caso el diálogo académico y las estrategias de guerra. Más grave aún, este tipo de discursos, basados en un diagnóstico que genera la sensación de la impotencia institucional frente a un demonio de múltiples rostros que amenaza la existencia de la principal universidad pública del país, puede ser entendido como un llamado a la intervención externa por una autoridad que tenga el poder para eliminarlo definitivamente, así sea arrasando con la autonomía universitaria o recurriendo a la militarización de los campus.
Este relato especulativo, sin fundamentos académicos o empíricos, intenta articular una agrupación informe de hechos relacionados con la Universidad Nacional de Colombia dentro de una estrategia donde supuestamente actores legales e ilegales quisieron tomarse la institución para controlarla políticamente. En la sombra quedan las razones que llevaron a la protesta universitaria de 2024, relacionadas con la adopción del “método Borda”, destinado a eliminar al candidato que había obtenido la mayor votación en la consulta, las reuniones secretas para planear la acciones apropiadas para tal efecto, la manipulación estratégica sobre el procedimiento escogido o el cambio del voto por parte de los representantes profesoral o estudiantil. Pero, más importante aún, el reclamo por la democratización del gobierno y la vida universitaria tiende a ser refundido en un debate sobre el orden público en las universidades estatales y el análisis colectivo sobre la violencia en nuestras instituciones es reducido a la imposición del orden en los campus y a la instrumentalización del diálogo académico con tal propósito.
Proteger a las universidades públicas implica que la sociedad colombiana y la comunidad universitaria, como parte fundamental de su esencia académica y cultural, analicen colectivamente los modelos que deben adoptar para garantizar el acceso universal al bien común del conocimiento; lo cual implica el reconocimiento de diferentes posiciones a partir del respeto por los otros, considerados como interlocutores válidos en un escenario donde prevalezcan los principios democráticos. El diálogo dominado por una lógica bélica o de guerra, contenido en el oxímoron del profesor Peña, al igual que las afirmaciones falsas sobre el debilitamiento de la función de extensión o la ausencia de una política académica durante la administración anterior para deslegitimarla, así como los infundios en las redes y los medios de comunicación, empiezan a señalarle un rumbo a la Universidad Nacional de Colombia que la aleja de su misión histórica como principal centro de pensamiento en el país y la conduce a una pérdida inminente de las libertades académicas y políticas de quienes la constituyen.
** Docente pensionado de la Universidad Nacional de Colombia.
(*)Según la RAE (Real Academia de la Lengua Española) un oxímoron es la “combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido, como en un silencio atronador.”
