Después de insultar y amenazar a medio mundo, Donald Trump se ha sitiado a sí mismo en un laberinto que seguramente nunca imaginó: el estrecho de Ormuz.
Como los 300 espartanos que impidieron el paso del poderoso ejército persa en las Termópilas, los iraníes no solo le cerraron la boca al lenguaraz de la Casa Blanca, sino que impidieron el paso de la flota más grande del mundo por el estrecho por el que pasan los barcos que llevan el petróleo del Medio Oriente al resto del mundo.
No conocemos el nombre del Leónidas del siglo XXI, que comandó las fuerzas iraníes en el célebre estrecho, pero sabemos que con pocas fuerzas cerró el paso por el que transita el petróleo del Medio Oriente enviado al resto del planeta.
¿Qué fue de tanta bravuconada?, podemos preguntar, parodiando al clásico español Jorge Manrique, el autor de los célebres versos a la muerte de su padre.
En pocos meses han surgido múltiples expresiones del cansancio que siente el mundo con las salidas de Trump. El primero en expresarlo fue el primer ministro de Canadá, aunque ya otros voceros de distintas partes del mundo lo habían manifestado en público y en privado. No faltó entre estas voces la del papa León XIV, con quien el gobierno estadounidense está haciendo todo lo que puede para normalizar sus relaciones.
En el terreno doméstico a Trump no le va mejor, como lo muestran las encuestas que reflejan la estrepitosa caída de su imagen entre el pueblo estadounidense, que ya está soportando las consecuencias de las decisiones de Trump en materia arancelaria.
Todo esto representa el preámbulo del revés que todos los expertos vaticinan en las elecciones legislativas de este año, en las que se disputarán las 435 curules de la Cámara de Representantes y 35 del Senado.
Con los niveles de popularidad que Trump alcanzó en los primeros meses de su segundo mandato era previsible que los republicanos conservaran el control del Congreso, pero ahora todos los vaticinios apuntan a lo contrario. Quiere decir que se cumplirá el proceso experimentado por casi todas las administraciones estadounidenses, en las que el apoyo del público se invierte en favor de la oposición en las elecciones de mitaca.
Falta ver qué hará Trump al ver su inevitable pérdida de poder. Seguramente buscará más enemigos, pero ya no podrá abusar del poderío de la gran nación que lo escogió en mala hora para gobernarla.
Trump ya pasó a la historia como uno de los peores (si no el peor) de los mandatarios en la historia de Estados Unidos. En el tiempo que le queda, posiblemente confirmará esta calificación.
Los demócratas ya están preparándose para lo que se prevé como su regreso al poder. Les espera una desafiante tarea: nada menos que la de reconstruir el gobierno y las alianzas con el resto del mundo, que ha visto con asombro el derrumbe de las instituciones estadounidenses y del liderazgo construido durante más de un siglo, que se deshizo en manos de Trump. Sus aspavientos, groserías y agresiones, como dice una de las coplas de Manrique, “¿qué fueron sino rocíos de los prados?”.