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Unión de dos continentes

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Leopoldo Villar Borda
09 de abril de 2026 - 05:06 a. m.
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En medio de las tensiones y la incertidumbre generadas en todo el mundo por las políticas agresivas de Donald Trump, llega como un bienvenido golpe de aire fresco el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur, que abre para el bloque suramericano el mercado europeo y para Europa un mercado de 280 millones de habitantes de América del Sur.

Este acuerdo, la mayor aproximación que se ha concretado entre América Latina y Europa en el campo económico y comercial, tendrá repercusiones que van más allá de sus objetivos específicos. Despertará el interés mutuo en materias políticas y contribuirá a estimular el acercamiento entre los dos bloques en otros campos. Abrirá las puertas para la renovación de unos vínculos que Europa y América Latina mantuvieron por mucho tiempo y que ahora cobrarán nuevo impulso.

Antes de que Estados Unidos emergiera como la superpotencia de los tiempos modernos, América Latina miró a Europa como el paradigma de la cultura y el progreso. La aspiración de los jóvenes que egresaban de los mejores colegios latinoamericanos era adelantar sus estudios superiores en una universidad europea. Visitar y conocer a Europa era el sueño de ricos y pobres. Europa era el crisol de las artes para los latinoamericanos que se dedicaban a la música, la pintura o la literatura.

Es difícil establecer con exactitud en qué momento todo esto cambió y Estados Unidos entró a ocupar en la mente y el corazón de los latinoamericanos el papel que antes cumplía Europa. Tal vez la transformación comenzó después de la Primera Guerra Mundial, cuando Estados Unidos se convirtió en la gran potencia emergente, y se profundizó después del segundo gran conflicto universal.

De esos años data el reemplazo de las universidades europeas por las estadounidenses en las aspiraciones de la juventud latinoamericana. También la penetración de los hábitos y las modas estadounidenses en las costumbres de nuestros países.

En el campo económico ocurrió un cambio semejante y con él Estados Unidos no solo se convirtió en el principal socio comercial de América Latina sino en su principal fuente de crédito y de inversiones. Este papel se consolidó con la concentración en Estados Unidos de las principales instituciones financieras internacionales. El siglo estadounidense es también el siglo de la relación dorada de América Latina con Estados Unidos.

El acuerdo comercial de la Unión Europea y Mercosur presagia una nueva era en las relaciones internacionales de nuestra región. Será una era caracterizada por la diversidad de potencias económicas y comerciales, más favorable para los países y regiones que no han superado el subdesarrollo. No será ya un solo polo al que habrá que mirar, pues surgirán al menos cuatro o cinco potencias dominantes. Ya en la actualidad coexisten por lo menos cuatro (Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea). En ese nuevo mundo América Latina debería ser un protagonista de primer orden, si actúa unida.

La experiencia de la Unión Europea es el mejor ejemplo de lo que puede alcanzar una región cuando los países que la integran deciden actuar juntos. América Latina reúne condiciones más favorables que Europa para realizar ese empeño. Son solo dos culturas, dos lenguas y una historia compartida, a diferencia de la diversidad de idiomas y culturas europeos.

Durante más de medio siglo los países latinoamericanos han intentado su integración, la mayoría de las veces sin éxito. Mercosur es la iniciativa que llegó más lejos. Seguir ese ejemplo debería ser la meta del resto de América Latina, una región que podría ser un modelo para esto por sus características geográficas, históricas y culturales. El logro de Mercosur debe resonar hoy en las cancillerías de toda la región como un llamado a la acción para alcanzar la unidad que tantas veces se buscó y que todavía no se ha conseguido.

Leopoldo Villar Borda

Por Leopoldo Villar Borda

Periodista y corresponsal en Europa
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