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31 May 2022 - 5:30 a. m.

Vientos de cambio

Leopoldo Villar Borda

Leopoldo Villar Borda

Historia, relaciones internacionales

Lo que pasó el 29 de mayo en Colombia no tiene antecedentes en el último medio siglo, a menos que se dé por sentado que el 19 de abril de 1970 el gobierno del Frente Nacional fue derrotado por el general Gustavo Rojas Pinilla y su victoria le fue escamoteada mediante el fraude. En esta ocasión no solo perdió el Gobierno sino también los viejos partidos, junto con el uribismo y las demás fuerzas políticas y económicas que lo respaldan. Los dos candidatos que competirán en la segunda vuelta son tan partidarios del cambio como los millones que participaron en las multitudinarias protestas del año pasado, en las que se expresó el malestar social de manera abrumadora.

El rotundo pronunciamiento colectivo que presenciamos en las calles de todas las ciudades del país tenía que traducirse en votos en la primera oportunidad que el pueblo tuviera para hacerlo, y eso fue lo que ocurrió. De nada valieron las patrañas del Gobierno, incluyendo la suspensión de la Ley de Garantías, los ataques del presidente, sus ministros y hasta el comandante del Ejército al principal candidato de la oposición. Tampoco, la acción de la Procuraduría en perjuicio de sectores políticos ajenos al oficialismo, las mentiras propagadas por las redes sociales y la estrategia del miedo empleada por los defensores del statu quo.

No es la primera vez que los dueños del poder emplean esta clase de recursos para cerrar el paso a quienes buscan sacar al país del círculo infernal que significa riqueza, privilegios y empoderamiento para unos pocos, y despojo, exclusión y hambre para millones. Pero en esta ocasión no lo consiguieron. Su favorito, el defensor del continuismo, se enfrentaba a tres promotores del cambio. De tres clases de cambio: desde el suave y conciliador que propugnaba Sergio Fajardo, pasando por el radical de Gustavo Petro, hasta el impetuoso y brutal, si se quiere, de Rodolfo Hernández.

Los dos que clasificaron para disputar la segunda vuelta utilizan discursos distintos y tienen ideas distintas, pero son igualmente antigobiernistas. Condenan con la misma fuerza los abusos de los poderosos y la corrupción que ha invadido la política y ofrecen adoptar medidas drásticas para atacar los grandes males que aquejan a Colombia. Petro incorporó sus propuestas en un programa difundido por todo el país. Hernández anuncia que los solucionará con la asesoría de expertos en todos los campos porque confiesa su falta de preparación en casi todos. Será muy interesante presenciar el contrapunto entre ellos en las tres semanas que faltan para la segunda vuelta. También lo será ver hasta dónde sus discursos interpretarán la voluntad popular.

La primera vuelta demostró que la mayoría de los colombianos quieren cambiar el sistema que nos gobierna y los personajes que lo manejan. Si en algo se equivocaron las encuestas y los gobiernistas que pontificaban desde distintas tribunas mediáticas fue en indicar nítidamente cuál sería el rival de Petro en la batalla final. Hasta el último momento confiaron en la clasificación del candidato preferido por el Gobierno y apoyado por el uribismo.

La evocación de aquel lejano 19 de abril en que el país se fue a dormir con la noticia de que había ganado Rojas Pinilla y se despertó al día siguiente con la sorpresa contraria sirve para sacar una conclusión positiva de lo que acaba de ocurrir. Fueron muchos los sufrimientos que generó la frustración nacional de hace medio siglo. Esta vez el resultado fue tan claro que nadie lo puede desconocer. Lo que resta es esperar que la contienda concluya en paz, con las garantías que las autoridades tienen la obligación de ofrecer y con el compromiso general de respetar la voluntad de cambio que ya se expresó en las urnas.

Leopoldo Villar Borda

Por Leopoldo Villar Borda

Periodista y corresponsal en Europa
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