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Tras mes y medio del terremoto

21 de septiembre de 2026 - 12:05 a. m.
“Si Abelardo de la Espriella no daba la talla para la Colombia previa al desastre, menos la da para el país posdesastre”: Lisandro Duque Naranjo.
Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda
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No ha dicho todavía el presidente Abelardo de la Espriella (ADLE) qué cuantía va a destinarse del nuevo presupuesto nacional a remediar los problemas causados por el terremoto. A lo máximo, por allá alcanzó a escuchársele que la plata para reconstrucción tenía que alcanzar para reparar los daños de la Basílica de Buga. "Para el ‘negrito'", como le dice él al milagroso de esa iglesia. Obviamente, al oírle eso, el resto de párrocos de iglesias del suroccidente se dieron por aludidos y pasarán la cuenta de restauración por concepto de paredes cuarteadas y torres rotas. De igual forma, sinagogas y lugares de culto cristiano, cuyos rabinos y pastores bastante le han ayudado a ADLE a crearse una imagen ecuménica para sus varios credos. Problema serio ese del dinero, porque salvo si son patrimonio cultural ameritan ayuda. Aunque en eso de gestionar recursos los templos suelen obtenerlos habitualmente con donativos de sus feligreses, lo que no pasa con las escuelas públicas que siguen con sus maestros y alumnado en las casas, esperando a que Shakira les llegue.

A causa de que ningún funcionario del alto gobierno volvió a visitar los albergues en donde se hacinan los damnificados, éstos se han vuelto pesimistas y piensan que sus viviendas, ahora convertidas en escombros, las tendrán que levantar por su propia cuenta. O confiando en el carisma de ADLE, esperar a que la ayuda les caiga del cielo, aunque algún espontáneo puede aparecerse: en Pereira ocurrió que la esposa del alcalde, actual senadora, tomó por su cuenta, y la de sus parientes, la "solidaridad" con los damnificados, y a los pocos días los ciudadanos molestos protestaron por esa intrusión en una causa noble que no admite oportunismos políticos. Obvio que la señora se tuvo que marginar. En lo nacional, la primera dama, doña Ana Lucía Pineda, hizo lo mismo, e incluyó su Fundación y su parentela entre los que piden donativos, y esta es la hora en que la población no repudia, aunque lo comenta con desagrado, esa actitud confianzuda. Ya llegará el momento en que la marginen de esa tarea. Confiemos en que más temprano que tarde, porque eso es ilegal. Para eso están entidades con credibilidad, como la Cruz Roja.

Las ciudades y poblaciones en los que el terremoto hizo estragos (me atengo a las que salieron en YouTube), Cali, Pereira, Manizales, Sevilla, el Chocó, ofrecen un aspecto de grandes urbes bombardeadas por los aliados. Ese paisaje apocalíptico lo atribuye ADLE "a una prueba de Dios, por el comienzo de mi mandato". Qué engreído. Más bien debió ser que al altísimo no le gustó lo de "negrito", por la displicencia racista del presidente con el "milagroso de Buga". El hecho es que, si ADLE no daba la talla para la Colombia previa al desastre, menos la da para el país posdesastre. A Petro lo hubiera agarrado el terremoto dictando una conferencia en Europa.

Mientras se reportan desde Bogotá (¿doña Ana Lucía, el vice, el propio ADLE, que no han vuelto a decir nada?), el alcalde de Pereira ha hecho milagritos con los centavos: una tanqueada para los taxistas y otra para los domiciliarios, de a millón para los vendedores ambulantes, de a cinco millones para los comerciantes, techos para cuatro mil viviendas, y exención de pagos en servicios públicos. Y así, puras soluciones temporales, que son inevitables. Ah, y quitar de la vista ciento ochenta mil toneladas de escombros.

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