El presidente Gustavo Petro todavía tiene tiempo de recuperar su ascendiente popular en Colombia —aunque quizá no tanto como para lograr resultados satisfactorios en las próximas elecciones—, si en un viraje desiste de cultivar con ausencias del país su estrellato teórico en Europa. Se entiende su atracción por la celebridad que disfruta en el Viejo Mundo cuando uno observa la muchedumbre de admiradores suyos que llenaron el aula máxima de la Universidad Libre de Bruselas, maravillados con sus revelaciones, hace una semana. Pero ese culto puede esfumársele si no se aplica con juicio a gobernar su propia parroquia, cuyas...
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