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La extracción

Lisandro Duque Naranjo

12 de enero de 2026 - 12:05 a. m.

Un éxito el streaming mundial de dos días para comenzar año: el presidente Donald Trump “extrajo” de su país a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, y se los llevó a Estados Unidos. Los trasteó por distintas naves (aviones de varios tamaños, helicópteros, radio-patrullas, etc.), y les hizo a ambos cambios de vestuario de presidio para cada set y en distintas locaciones: Puerto Rico, Guantánamo, la Base Edwards de Nueva York, hasta meterlos en una cárcel de cemento gris en esta última ciudad, y después hacerlos comparecer, ya en exterior día, en un tribunal de arquitectura prestante, escaleras anchas y curvadas, estilo art déco.

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Para convertir en súper-producción esa obra, era preciso cumplir con ciertos protocolos propios del gran estreno mundial: apagar las luces completas de una ciudad enorme como Caracas, sin descuidar que, al fondo de una noche lunar, rojiza, plagada de helicópteros y drones intermitentes que fosforescían, irrumpieran relámpagos de armas silenciosas en el horizonte. Aparte de estos exteriores, los sets fueron variados: una puerta interior del Air Force One, donde decía vaguedades el productor ejecutivo, Donald Trump, rodeado de periodistas y unos pocos senadores que asentían gozosos. Este actor especial, después tuvo llamado en un set de su propiedad, de cuyos fondos lujosos se apreciaba poco, para no abusar del presupuesto: un club de golf llamado “Mar-a-Lago”.

Para el resto de escenas ya no hubo límite en dinero: cámaras en los más disímiles emplazamientos, en grúas altas desde los techos del aeropuerto neoyorquino, en pasillos interiores llenos de policías por donde pasarían los extraídos: una mujer menuda y su marido derrotado, al que se le permitían parlamentos cortos: “good night” y “happy new year”. A los dos reos de la historia se los muestra subiéndose y bajándose de las camionetas con dificultad, pues van esposados y él es muy alto y tiene un pie lastimado por el trajín, lo que obliga a sus captores a empujarlo hacia adentro del carro, otorgándole a su condición de gigante caído una solemnidad espectral al pronunciar sus breves parlamentos.

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Al final de esta maratón en directo, el rodaje había dejado atrás en Caracas 32 cubanos muertos que formaban parte de la seguridad de los extraídos. Testigos del mismo —Caracas tiene una noche muy concurrida—, se cuentan varias docenas de soldados y caraqueños civiles cuyos cuerpos quedaron destrozados entre los escombros. Por lo regular, en estos casos, la producción no lleva cuentas de quienes no han sido contratados, y eso explica que Trump haya dicho en la fiesta de fin de rodaje que “no había habido ni un muerto”. Ni siquiera el mariner a cuyas exequias asistió al día siguiente, escena que no quedó en la versión final de “La extracción”.

Ya recuperado del estrés, volvió a las andadas, se comunicó con Gustavo Petro para invitarlo a la Casa Blanca, diciendo que “fue un gran honor conversar con él”, y también a María Corina Machado, a quien llamó para que le devolviera el Nobel.

Un descuido en la súper-producción: una de sus líneas argumentales ofrece el tema del “Cartel de los soles”, que pudiera malograrse, pues parece que no existe, siendo apenas un dicho popular. La gente ya le dice “El cartel de los solos”.

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