Los tres millones de hectáreas de tierra fértil que Fedegán va a venderle al Gobierno serán una oportunidad para saber qué hay de cierto en que un alto porcentaje de esas tierras han sido usurpadas y obtenidas a precio de miedo por los famosos “terceros de buena fe” desde la década de los 90. ¿O será que Fedegán escogerá con pinzas las tierras disponibles, para que no terminen teniendo problemas de legitimidad en su titulación? Eso llegará a saberse. En todo caso, son extensiones muy grandes como para intuir que son inmaculadas. A menos, obviamente, que la transacción implique una especie de pacto de caballeros entre un Gobierno...
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