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Los depredadores en la Santiago

Lisandro Duque Naranjo

10 de agosto de 2026 - 12:05 a. m.

Con el que se posesionó el viernes, ya se completan en el siglo XXI dos presidentes costeños a los que no les gusta el Palacio de Nariño para vivir, y al que comienza hoy labores ni para despachar. De Núñez ni hablaremos, pues él fue del siglo XIX. Al que hoy desocupa el inmueble, lo asaltaban fantasmas a medianoche, a causa de que es muy frío y de que su arquitectura es de un falso neoclásico retocado con estuco bogotano. Nunca se amañó allí, y tal vez por eso hizo lo posible muchas veces por dormir afuera en sus muchos viajes al exterior. Y eso que hoy, por un nuevo cuadro de cuerpo entero, y todo de blanco hasta los pies vestido, encargado por él, tiene un mejor poder de asustar si uno se lo encuentra a oscuras por los pasillos palaciegos.

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El nuevo elegido tampoco quiere ser inquilino allí, tal vez por los mismos motivos, razón por la que, de momento, prefiere vivir en Barranquilla, en casa propia. Y hasta le están acondicionando en un batallón un despacho para atender. Cada semana, pues, les va a tocar a sus 18 ministros -o 17, porque Elsa Noguera vive en Barranquilla–, ir a reunión de gabinete en avión, más las vueltas de hotel, para ellos y sus equipos de asesores. Mínimo sus cincuenta tiquetes semanales, aunque estoy poniéndolo bajito. Van a acumular millas, sin duda. En cuanto a la intención de austeridad, ahí se malogró como primer acto de gobierno. Qué vaina, se va a quedar Bogotá sin presidente, lo que no parece afectar a los vecinos de esta capital que sentían algo de su presencia por sus caravanas de motos, limusinas y ambulancia.

Cali también se prepara para ser presidencia alterna –y, por supuesto, Medellín va a exigirla– con lo que la capital de la salsa se va a quedar sin su Casa de las Artes, por ofrecimiento del alcalde Eder, lo que ya suscita protestas entre la comunidad artística. El nuevo presidente, antes de comenzar su cuatrienio (?), oficiará algo parecido a una misa y, posiblemente, Carlos Alonso Lucio hará la liturgia del Arca de Noé. El alcalde de Cali, Alejandro Eder no lo hace mal animando misas que parecen de testigos de Jehová, con mucho movimiento de manos, que recuerdan una transmisión brasileña. También es probable que el nuevo presidente entone, con su voz y sus arreglos, el horrendo nuevo himno nacional. Hasta aquí lo previsible del presidente entrante.

Por lo que oigo en la radio, miles de caleños estarán en guardia en el Monumento a la Resistencia para impedir que energúmenos de la Patria milagro lo derrumben en un acto de fanatismo abelardista. Por su parte, estudiantes de la Universidad Santiago de Cali, estarán en los alrededores de su Alma Máter entorpeciendo el evento profanador.

Milei, equivocado de clima, llegó con un abrigo como para Groenlandia, y debe estar buscando sudoroso guayaberas blancas para comparecer con traje adecuado.

Y claro, la delegación de Estados Unidos, conformada por puros agentes antidrogas –los gringos habrán pensado que Abelardo es de lavar y planchar y que no habrá que mandarle a nadie de la pesada, tipo Marco Rubio, J.D. Vance, o el quitavisas, y ni siquiera a Bukele–. Obvio que la delegación debe andar por las ollas de vicio, decomisando mercancía.

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